Archivos Mensuales: julio 2014

Josep Renau. ‘Fata Morgana. The American Way of Life’

Casualmente, ayer mientras buscaba un archivo en el ordenador me ‘tropecé’ con un artículo que escribí hace casi once años. Bueno, esto es normal, es decir, ‘tropezarse’ continuamente con textos antiguos mientras buscas otros. Sin embargo, no sé si por una suerte de ‘azar objetivo’, el artículo estaba dedicado a ‘Fata Morgana. The American Way of Life’, serie de foto-montajes que Josep Renau realizó en la mediación del siglo XX. Éstos, precisamente, centran, dentro del programa de PHotoEspaña, una exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (‘Josep Renau. El estilo de vida americano’) que se clausura el domingo 27 de julio.

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Le guardo cariño a este artículo, uno de los primeros que escribí cuando ingresé como becario en la Universidad de Málaga, ya que me lo pidieron para ‘Barbecho. Revista de Reflexión Socieducativa’, una por aquel entonces joven publicación que nació en el Departamento de Pedagogía de la UMA y que acabaría convirtiéndose en una referencia, como muchos de los jóvenes profesores que la pusieron en marcha y que hoy son referencias a nivel nacional. La obra de Renau siempre me había interesado y fascinado, como su propia biografía, pero en aquella ocasión aproveché para hacerla converger con la invasión de Irak por los Estados Unidos, de modo que se apreciaba una serie de invariables en el proceder norteamericano, esos que tan lúcidamente había detectado el artista español y que medio siglo después seguían vigentes. Además quise incorporar varias viñetas publicadas en medios españoles que insistían en esos patrones de la política exterior norteamericana.

Artículo Barbecho Renau

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‘Wunderkammer’. Gabinete de gabinetes

Gabinete de gabinetes
Versión ampliada de la crítica publicada en diario SUR (12/07/14)

Casa Sostoa se convierte en una suma de gabinetes que reformulan la ‘wunderkammer’, el mítico espacio en el que se originaba un conocimiento excéntrico del mundo gracias a acumular curiosidades, maravillas y elementos exóticos

Colectiva. ‘Wunderkammer’
Exposición: 3 instalaciones de Ignacio Estudillo, Laura Franco y Susana Ibáñez que aúnan distintas disciplinas e intervienen en diferentes estancias del espacio doméstico. El primero realiza un gabinete de pinturas con una cincuentena de obras de distintos tamaños y técnicas. La segunda interviene en el dormitorio con muebles, objetos y documentos, que adquieren forma de archivo. Ibáñez sitúa, pendiendo del techo, una escultura textil con forma de cocodrilo acompañado de cuatro imágenes a plumilla, cinco estandartes/filacterias con escenas alusivas al animal y 3 cianotipias en referencia a la ‘wunderkammer’ y la presencia de este animal en ella. Junto a estas 3 intervenciones, sobre la mesa del estudio, vemos 15 pequeñas obras de otros tantos artistas que participan en el proyecto ‘Encapsulados’. Comisario: Pedro Alarcón. Lugar: Casa Sostoa. Zona Héroe de Sostoa, Málaga. Fecha: hasta el 27 de julio. Horario: previa cita en casasostoa.es o en facebook.com/casasostoa. Semanalmente se producen visitas comentadas y encuentros con los artistas que permiten conocer el espacio, aunque es necesario contactar por las vías señaladas.

Nuevamente Pedro Alarcón ha hecho coincidir un tema que le apasiona con artistas que lo han desarrollado o que, con verdadera intuición y coherencia, entiende que la metodología y la apariencia de la ‘wunderkammer’ (gabinetes y cámaras en las que se acumulaban pinturas, ‘pruebas’ científicas, elementos maravillosos y ‘descubrimientos’ de toda índole) son medios o sistemas de representación idóneos para sus universos. Si las ‘cámaras de las maravillas’ proveían de un conocimiento excéntrico y, por esta misma razón, eran también espacios destinados al descubrimiento, en esta selección de artistas el comisario parece compartir algunos artistas que para él han adquirido la condición de «descubrimientos». Ese ‘descubrir’ y ‘compartir’ permiten dar a conocer de una manera más amplia, gracias a intervenciones de mayor enjundia, a algunos de estos artistas, como a Susana Ibáñez, quien había expuesto en Málaga puntualmente alguna pieza en colectivas como las del IAJ.
La ‘wunderkammer’, más allá de la mítica imagen originada desde el Medievo, supone una apabullante manera de sumar elementos conexos e inconexos, así como de conocer y ordenar el mundo. Este voraz aprovisionamiento se encuentra en la médula de metodologías caras a la práctica artística y a su estudio: el palimpsesto, el ‘Atlas Mnemosyne’ de Aby Warburg, el ‘museo imaginario’ de André Malraux o el archivo y el tesauro. Pero todavía más; ese ansia por acaparar aunque obtengamos una ‘summa’ fragmentaria y de difícil comunión, por archivar aquello que sale a nuestro encuentro y despierta la curiosidad y por exponerlo como resultado de un modo aleatorio a veces (orgánico o instantáneo) y otras ordenado, es un actitud familiar para el sujeto contemporáneo. Piense, analícese en su relación con la cámara del teléfono móvil y con las redes sociales. Tal vez nuestros perfiles de facebook o instagram, además de lugares para mostrar obscenamente nuestras vidas, sean nuestras ‘cámaras de las maravillas’.

Expo Wunderkammer. El explorador de Ignacio Estudillo. Foto de Paco Vallejo
Fragmento de ‘El explorador’, obra de Ignacio Estudillo. Fotografía: cortesía de Paco Vallejo

El título de la instalación pictórica de Ignacio Estudillo (Jerez de la Frontera, 1985), ‘El explorador’, ha de funcionar como metáfora del rol que ha desempeñado el propio artista, quien, como si fuera un ávido expedicionario, ha descubierto este género pictórico adentrándose en él y reformulándolo, ya que sintetiza el gabinete de pinturas con el de curiosidades. Estudillo actúa como un explorador que recolecta imágenes para configurar ese archivo. Pero, del mismo modo, y en un evidente diálogo con el espacio doméstico en el que se halla (en el estudio, frente a una biblioteca ordenada por colores), el artista realiza un ejercicio de taxonomía, puesto que ordena sus obras en función al cromatismo. Hay en esto un proceder que recuerda a la clasificación de Linneo, ya que, a su vez, esas zonas de color poseen distintas familias, reinos o géneros: lo científico (botánica, zoología, tecnología), la arqueología o el arte. En uno de los extremos aparece la recreación de un renacentista ‘studiolo’, una variante de ‘cámara de las maravillas’ consagrada a lo bibliográfico y que era intervenido pictóricamente, como ahora las paredes de Casa Sostoa. Junto a los guiños al pasado se sitúan varias citas a ‘maravillas’ o ‘curiosidades’ actuales. Si en los gabinetes había espacio para la curiosidad, lo exótico o lo singular, el artista introduce episodios familiares ‘noticiables’ o ‘inventos’ o avances de indudable valor, como una recreación pixelada del satélite GAIA que por momentos parece remitir al ‘Gran vidrio’ de Duchamp. El formato del gabinete le permite a Estudillo potenciar su lenguaje al presentar los objetos de manera aséptica, como prueba o indicio, esto es, sin estar integradas en un fondo: su obra crece cuanto más concentrada y libre de referencias secundarias se encuentra. De este modo, su estilo eminentemente pictoricista, que en ocasiones asume influencias como las de Borremans o Tuymans, se ve reforzado por el halo temporal –quizás hablemos de evocación- que, como si se tratase de una pátina, recibe esa constelación de referencias (fragmentos de pinturas ‘velazqueñas’, restos etruscos, romanos y griegos, especies de pájaros con comportamientos singulares, elementos con poderes atribuidos como astas de unicornios, etc.). Referencias que no dejan de ser una cartografía o un itinerario de ese proceso de exploración que supone su intervención.

Expo Wunderkammer. 'El explorador' de Ignacio Estudillo. Foto de Alejandro Martín Parra
Fragmento de ‘El explorador’, obra de Ignacio Estudillo. Fotografía: cortesía de Alejandro Martín Parra

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Fragmento de la instalación de Laura Franco. Fotografía: cortesía de Alejandro Martín Parra

Laura Franco (Málaga, 1985) nos sumerge en un «gabinete biográfico», aunque en esencia es un archivo. Desde hace años, la artista reconstruye la vida de su antepasado Laurita Istochnikov. En esta ocasión, el cúmulo de documentos nos acerca a un superávit de información o indicios sobre ella, pero ese apabullante tropel de datos (postales, caligrafías, fotos, cartas o recuerdos que se cuentan por centenares), permite a Franco maximizar su estrategia, que se halla entre lo real y lo ficticio, entre el dato contrastable y la recreación fabuladora y que, forzosamente, ha de recordarnos otros ejercicios parangonables tanto en el escenario de las artes visuales como en el de las letras –piense en la literatura de Paul Auster, cruzada de verdad y mentira y de «azar objetivo»-. De este modo, junto a documentos verdaderos se incluyen otros creados por la artista e introducidos aprovechando el contexto aparentemente garante de veracidad propiciado por la sintaxis científica del archivo, es decir, que parece garantizar que todo aquello cuanto se halla es cierto. La cuestión que todas esas vivencias recuperadas de Laurita Istochnikov –aquí la artista se adquiere el rol de investigadora- se convierten en ‘maravillas familiares’ que permiten, en su extensión y variedad, darnos libertad para reconstruir sus muchos perfiles y –por qué no- fabular sobre su vida. Lo mismo, quizá, que hace la artista.

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Fragmento de la instalación de Laura Franco. Fotografía: cortesía de Alejandro Martín Parra

Expo Wunderkammer. Mirabilia Naturae de Susana Ibáñez. Foto de Alejandro Martín Parra
Fragmento de la instalación de Susana Ibáñez. Fotografía: cortesía de Alejandro Martín Parra

Susana Ibáñez (Sevilla, 1981) ha trabajado en su pintura sistemáticamente el concepto de gabinete. Además, en esas reformulaciones sometía a la ‘wunderkammer’ a una especie de proceso de ‘aggiormento’, una ‘puesta al día’ consistente en la inclusión en esos conjuntos de elementos actuales que podrían asimilarse –no sin ironía- a esa condición de maravilla. En función a este interés, a este proceder que caracterizaba parte de su obra pictórica, el comisario con absoluta pertinencia y coherencia cuenta con ella. Sin embargo, en esta ocasión, con ‘Mirabilia Naturae’, la artista escapa de la práctica pictórica para crear una propuesta híbrida en la que se cruzan dibujo, escultura, instalación, ambiente y grabado. La artista sevillana se centra en una de las maravillas o curiosidades que se repiten en muchos de esos gabinetes: el cocodrilo. Este animal, símbolo del diablo, de ahí su presencia en algunos contextos religiosos, realizado en brocado (una tela con usos litúrgicos) pende del techo como lo hace de tantos gabinetes datados a lo largo de la historia y que aún se conservan. De este modo, Ibáñez ha pasado de atomizar y sumar elementos en sus pinturas a centrarse en uno repetido en varios lugares de la casa. Y, además, muy acertadamente, consigue trasladarnos quizá la misma sensación de sorpresa que podían sentir aquellos que en la Edad Moderna se enfrentaban por primera vez en un gabinete o en una iglesia con el cuerpo disecado de uno de esos reptiles míticos y fabulosos.

Expo Wunderkammer. Mirabilia Naturae de Susana Ibáñez. Foto de Paco Vallejo
Fragmento de la instalación de Susana Ibáñez. Fotografía: cortesía de Paco Vallejo

Como una micro-exposición dentro de la exposición o, dicho de otro modo, como un gabinete dentro de este ‘gabinete de gabinetes’, en la mesa del estudio intervienen los artistas de ‘Encapsulados’, comisariados por Juan Cuéllar y Roberto Mollá, entre los que destacan Joël Mestre, Antonio Ortuño, Luis Pérez Calvo, Fernando Vélez Castro o Nelo Vinuesa. Pedro Alarcón, evidenciando la extrema coherencia de su proyecto, invita a ‘Encapsulados’ por la metodología y porque la resolución expositiva se ajusta a la noción de cámara de las maravillas.
Los artistas de ‘Encapsulados’ intervienen sobre pequeños espacios, como en un hotel-cápsula de Tokio (la primera exposición de este proyecto) o en un tablón de anuncios de una comunidad de vecinos. En esta ocasión lo hacen sobre la mesa de dibujo del estudio. Así, encontramos entre las obras de estos quince artistas, que apenas ocupan algo más de un metro cuadrado, pequeñas piezas que recrearían el mundo maravilloso, exótico y las desviaciones de la Naturaleza que ocupan aquellos gabinetes: pelajes extraños, seres monstruosos que recuerdan a las ‘verídicas relaciones’, engendros como un ‘naïf’ pollito de cuatro patas. La presencia de ‘Encapsulados’ es una oportunidad para dar visibilidad a un novedoso proyecto, aunque no debemos olvidar su más que probable origen en la ‘duchampiana’ ‘Boîte-en-valise’ (1935-41) o, más recientemente, las maletas en las que Nico Munuera ‘colgaba’ y ‘transportaba’ micro-exposiciones, con un recorrido que sobrepasa el lustro: exposiciones móviles, transportadas en una caja y que intervienen en elementos de espacios ajenos a lo institucional.

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La propuesta de ‘Encapsulados’. Fotografía: cortesía de Alejandro Martín Parra
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Celia Macías. Filosofía de vida.

Filosofía de vida
Versión ampliada de la crítica publicada en diario SUR (05/07/2014)

La fotografía directa y sin artificios de Celia Macías evidencia un «sentido de la pertenencia» con su entorno y arroja una poética de lo sencillo, de lo auténtico, de una cierta ‘alegría de vivir’ basada en la plenitud de lo cotidiano

Celia Macías. ‘Sin maquillaje’
La exposición: 9 fotografías a color, 2 de ellas montadas en pareja al modo de díptico para maximizar los puntos de vista de la fotógrafa y recrear la disposición original de lo representado a ras de suelo; una fotografía transferida a lona que ocupa de suelo a techo uno de los testeros del espacio expositivo, lo que permite ‘introducirnos’ en el paisaje; y un conjunto de 323 fotografías de pequeñas dimensiones, algunas de ellas instantáneas como ‘polaroids’, que ocupan una gran vitrina en la planta baja de la galería y que representan momentos, espacios, ritos colectivos y vivencias de la artista. Comisario: Fer Francés. Lugar: Galería JM. Duquesa de Parcent, 12, Málaga. Fecha: hasta el 13 de septiembre. Horario: lunes a viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 17.30 a 20.30 h.; sábados, de 11.00 a 14.00 h. (en agosto con previa cita).

No sabría definir con exactitud si es plenitud o es felicidad lo que transmiten las fotografías de Celia Macías (Sevilla, 1977). En cualquier caso, ambas pueden actuar como sinónimos o intercambiarse en la cadena causa-efecto: a la felicidad llegamos por la plenitud o viceversa. Estas sensaciones se originan a pesar de que muchas de sus imágenes nos sitúan ante escenarios aparentemente dominados por la precariedad, lo vetusto o incluso son visiones del rito de la muerte en Andalucía. No obstante, son más las que hablan de la intensidad de algunos momentos, como los patios –verdaderos vergeles- repletos de vida que se sitúan frente a candelas ‘regeneradoras’, espacios de encuentro, rito y descubrimiento o cierta concordia entre generaciones y el Hombre y su medio. Todas ellas participan del entorno rural en el que vive Macías tanto como de su propia biografía, pero, por encima de esos escenarios, el conjunto de imágenes nos enfrenta a la humildad y la sencillez de un modo de vida.

Celia Macías. 'Palo bueno y palo malo'

Las fotografías de la artista sevillana son directas y sin artificios, o lo que es lo mismo, honestas. De ahí el título de la exposición. Su mirada arroja una poética de lo sencillo, de lo auténtico, de una cierta ‘alegría de vivir’ basada no precisamente en lo que vulgarmente se entiende por «lujo», sino en la plenitud de lo cotidiano. Es, quizás, un canto a la sabiduría popular, a una filosofía de vida basada en la capacidad para que las pequeñas cosas devengan plenas. Asimismo, esa fotografía nos habla de un inequívoco «sentido de pertenencia» con el entorno, con su marco vital. Ese vínculo con lo que la rodea, que es tomado de manera cristalina sin ningún tipo de enjuiciamiento, está marcado por cierto orgullo, lo cual no ha de ser entendido como soberbia, pretenciosidad u otras analogías menores y más anecdóticas como el ombliguismo.
Su fotografía atesora lo que el creador y teórico Manuel Falces llama ‘personal record’, esto es, una implicación o registro personal que hace que aflore esa cercanía y autenticidad. En este sentido, Macías no cumple la máxima del «artista etnógrafo», figura que debemos a Hal Foster; esto es, la de ir de tema en tema, lo que transferiría a su trabajo una visión de lejanía, de encuentro con lo que no le es propio. Macías siempre trabaja con su entorno. Su mirada, sin necesidad de caer en exageraciones, tiene la capacidad de transmitirnos familiaridad con lo que fotografía, que es tanto como decir que no hay una distancia ni una frialdad, por más que su código pudiera ajustarse en según qué caso al documentalismo e incluso al foto-reporterismo, etiquetas éstas, por otro lado, que vendrían a reducir y empobrecer la consideración de su trabajo.

Celia Macías. 'Ponte en mis zapatos' (fragmento de la vitrina con 323 fotografías)

En la planta baja de la galería se ha instalado un vitrina que alberga 323 fotografías, muchas de ellas instantáneas que se asimilan a las archiconocidas ‘polaroids’. Este mosaico de momentos y vivencias de la artista parece una alegoría de los tiempos en que vivimos: tiempos de ‘extimidad’ auspiciada por las redes sociales que evidencia nuestra consideración acerca de lo público y de lo privado; nuestra voraz ansia por capturar todo, desde lo más banal a lo más trascendente; así como la incontinencia por hacerlo público. La vitrina no sólo es testigo de la vida, relaciones y ‘geografías’ de la artista, sino que ilustra meridianamente cómo la fotografía es para Celia Macías casi que una necesidad, una manera de comunicarse con el entorno. De tal manera que podríamos decir que fotografía como respira. Henri Cartier-Bresson comparaba en una entrevista a Pierre Assouline la práctica fotográfica, al menos la suya, con la del cazador dispuesto a derribar una pieza de un disparo, la del cazador en busca del instante decisivo. El fotógrafo francés decía: «Soy como ese cazador al que le apasiona derribar una pieza, pero no la comería. A mí me ocurre lo mismo; sólo me importa disparar. El problema es encontrar el momento oportuno, el instante». Si aceptamos esa definición, Macías tiene la capacidad de multiplicar instantes decisivos, de ser una cazadora que apenas requiere concentración, preparación ni disponer de un tiempo para meditar la imagen. Ella parece simplemente mirar, disparar y cobrarse la pieza sin errar el disparo. Es una virtud, indudablemente, cuestión de intuición o, si me apuran, de olfato, de estar en el momento y saber encontrar entre todo lo que le rodea aquello que, aunque sea por su simpleza o sencillez, puede convertirse en trascendente, simbólico o alegórico. Son paradigmáticas de esto las dos fotografías que nos dan la bienvenida en la galería, en las que toma la cotidianeidad de un hogar en el que se sobresale la presencia de un gallo que parece actuar como mascota. La aparente espontaneidad del disparo y la modestia de la escenografía (el humilde hogar de un vecino) no restan nobleza ni encanto a imágenes que parecen adquirir tanto un código de representación pictórico, especialmente la imagen que parece un ‘bodegón’, como un sabio enfoque frontal que juega con el ‘fuera de campo’.

Celia Macías. 'Detrás de casa'

Celia Macías. 'Coco'

Quizá pareciese categórico señalar que Macías es una fotógrafa de cierta noción –e indudable realidad- de ‘lo andaluz’. Pero no usen esto como etiqueta que reduzca lecturas de su obra. En su fotografía se transmite una filosofía de vida, callada pero plena, no hay espacio para el dato o el documento pero sí para el alma. O dicho de otra manera, su fotografía no está animada por el ansia de recoger un indicio en el que apoyar una hipótesis, como cabría esperar de un fotógrafo antropológico o etnográfico.
No debemos obviar la intermediación del comisario, fundamental tanto en el montaje -la vitrina, el emparejamiento de piezas o la lona que sobredimensiona lo cotidiano son aciertos- como en el enriquecimiento interpretativo del trabajo de Macías. Tanto es así que Fer Francés ha sabido depurar su fotografía situándonos ante una posible definición de ella que no viniese a reducir ni excluir cierta amplitud de registros y de ‘sentires’. O dicho de otro modo, evitar una propuesta de filiación demasiado evidente y rotunda. Un ejemplo de ese ejercicio de equilibrio lo encontramos en el apabullante mosaico de imágenes vivenciales que ocupa la vitrina, que se enfrenta a tres entradas o alzados de viviendas populares que no sólo responden, en sentido ‘becheriano’, a una indagación pseudocientífica en una tipología, y que, por tanto, aportan claves documentales a su obra, sino que alude a esa sencillez y precariedad que ya hemos advertido como propias de una poética. Pero, del mismo modo, entre las cientos de imágenes encontramos alguna ‘captura’ cercana a las que en formato grande y mediano vemos en el resto de la exposición. Esto evidencia el trabajo de selección del comisario, que ha ido encaminado a, por encima de ese aspecto vivencial y anclado en la autobiografía, señalar cierta filiación con una mirada próxima a lo documental y a lo antropológico. O la imagen transferida a la gigantesca lona en cuyo paisaje parecemos introducirnos, un ejercicio en el que se sobredimensiona lo aparentemente anecdótico hasta acercarlo a la condición de símbolo. Ello lo podemos apreciar en esta imagen: en un entorno marginal y rayano en lo desarraigado, un mueble funcional y de serie –ya saben, estética Ikea- aparece reconvertido, merced al ingenio, en un criadero de gallinas que toma sin ningún prejuicio el margen del río Guadiamar, que en su día sufrió el vertido de Aznalcóllar.
Por último, la intermediación de la figura del comisario posibilita que emerja esta visión inequívoca de lo andaluz –una de las muchas que existen, no pretendemos reducir-, una visión más anclada en un modo de vida que en una identidad, aunque ese modo de vida no deja de ser idiosincrático. Quizás sin esa intermediación curatorial, marcada por la falta de prejuicios y complejos, la artista siempre hubiera optado por otros trabajos que manifestaran en menor medida ese vínculo vernáculo o con otras de las muchas miradas que configuran si fotografía.