‘Corrosivo y correctivo’. D*Face. Wasted Youth

Corrosivo y correctivo

Crítica publicada en Diario SUR (05/09/2015)

Heredero de la secular tradición sarcástica británica, del más crítico Pop inglés, así como del Punk que nació hace décadas en las islas, D*Face corroe muchas de las falsas promesas y brillos que alimentan y ciegan a la sociedad

D*Face. ‘Wasted Youth’ 

La exposición: cerca de 100 obras (en una composición a modo de mosaico contamos 60 piezas sobre las que se sitúa, centrando el conjunto, su símbolo, un personaje esférico, alado y que saca la lengua). Las obras expuestas son principalmente serigrafías, dibujos, plantillas, pintura (emulsión y esmalte sobre lienzo), esculturas y una plancha retroiluminada. Una instalación, llevada a cabo mediante un monumental esqueleto, domina el espacio. Comisario: Fernando Francés. Lugar: CAC Málaga. Alemania s/n., Málaga. Fecha: hasta el 27 de septiembre. Horario: de martes a domingo, de 10 a 14 h. y de 17 a 21 h. A partir del 9 de septiembre, de 10 a 20 h.

Al recorrer la exposición de D*Face (Dean Stockton, Londres), un esqueleto gigante de más de 10 metros asoma de un ataúd (‘We’ve All Got Them’, 2015). La muerte –y de qué manera, monumentalizada- hace acto de presencia. Pero no es una presencia aislada, en casi todas las imágenes de la exposición, ésta late y se manifiesta de distintas formas, como con la rotundidad de la calavera que se deja ver bajo la carne corroída de los personajes –el nombre de guerra del artista, D*Face, es un apócope del verbo desfigurar, ‘deface’-; también se percibe como consecuente efecto de acciones e imágenes que pueden asolar el mundo y sembrar la devastación, como el hongo atómico o explosiones cruzadas por onomatopeyas que no sólo introducen la amenaza, también la apropiación de la obra del artista pop Roy Lichtenstein, quien hacía uso del cómic, su sintaxis y de los rasgos formales de ese medio de masas, como la trama de puntos o los bocadillos. Lichtenstein, y por extensión el cómic, no es el único registro pop que hallamos en el universo de D*Face: Andy Warhol y su multiplicación de imágenes son otras citas que, además de su inequívoco estilo, lo hacen aceptar el sistema de representación de la pintura pop, aunque en su quehacer –como veremos más adelante- existe un posicionamiento crítico contra muchos de los valores implícitos en las imágenes a las que se consagraba el arte Pop. De este modo, de ese cruce entre las fuentes pop que emplea y de la continua escenificación de la muerte, del fracaso (desamor, pérdida) y del dolor, proviene el concepto ‘aPOPcalíptico’ que define su trabajo.

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Continuando con el uso de la muerte a través de los rostros que se convierten en calaveras, D*Face no hace otra cosa que enunciar el antiguo recurso alegórico del ‘memento mori’, de gran fortuna en el Barroco. Puede parecer excesivamente sofisticado tratándose de un artista urbano, pero ésta es parte de la realidad del ‘street art’: creadores con una gran cultura visual, con capacidad para manejar los rudimentos de la pintura y, en general, de la creación, así como marcados habitualmente por una innegable intención crítica. D*Face, con su imaginería impactante, nos ejemplifica la vertiente crítica, subversiva y corrosiva del arte urbano. Difiere de ciertas actitudes actuales caracterizadas por mensajes optimistas que a veces bordean, cuanto menos con candor, la autoayuda y lo terapéutico. Aquí, en este tono corrosivo, brota su cercanía con el Punk. Los múltiples rostros cadavéricos y paródicos de la Reina Isabel II (lengua fuera en actitud de mofa y con las alas características de su personaje D*Dog), en la estela de Warhol, nos encaminan a recordar algunos diseños del inglés Jamie Reid, quien usó, hace cuatros décadas, el rostro de la reina como soporte para incluir la tipografía punk y otros objetos, así como colaboró con el grupo Sex Pistols diseñando algunas de sus portadas (‘Never Mind the Bollocks’). En definitiva, un situarse en contra del poder actuando sobre el espacio de sus imágenes y su iconografía, afín a la tradición de la secular imaginería sarcástica que en el Reino Unido siempre gozó de gran salud –piensen en el mítico William Hogarth en el siglo XVIII-. Ello no quiere decir que la obra del británico sólo se desarrolle en los márgenes más cáusticos, también pisa los dominios de la ‘más llevadera’ ironía o incluso de lo estrictamente poético en función a recursos como el oxímoron o la paradoja, tal como vemos en su escultura ‘Peace Is A Dirty Word’; ésta es un revólver cuyo cañón se alarga ‘dibujando’ la palabra ‘peace’ (paz), lo cual tampoco la hace estar exenta de cierta intención crítica o inconformista, ya que a la paz se llega en ocasiones por la violencia –si no la guerra- o por la imposición de la fuerza. Esa especie de envés, de lado oculto que D*Face pretende revelar, lo encontramos en la monumental pieza del esqueleto. Al creador no le basta con la irrupción de la muerte sino que es una marioneta de la muerte, con lo que lanza la obra al abismo semántico ampliando el sentido, haciendo deslizar la idea de que la muerte está manejada, precipitada quizás por alguien, puesta en escena por poderes tal vez como medio para espurios fines.

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Volviendo a los ‘warholianos’ retratos de Marilyn o la Reina Isabel II, burlonas y desfiguradas dejando entrever la calavera, que se convierten en auténticos ‘memento mori’, aluden a que la fama, el poder o la belleza son pasajeros y fútiles ante la muerte. Es decir, hay implícita una crítica a la construcción de la sociedad en función a algunos de esos frágiles valores (popularidad, imagen, jerarquías, etc.). Tal vez subyazca el mismo posicionamiento crítico frente a las ideologías. Esto es, si el retrato intervenido de la reina puede adquirir categoría de oposición y contestación, el del Che Guevara ‘calaverizado’ también. A James Dean, Amy Winehouse, Sid Vicious o Jimmy Hendrix, veinteañeros al morir, de ahí la condición compartida de todos ellos como mitos o leyendas, ni siquiera les concede la máxima de Dean, la del «vive deprisa y deja un bonito cadáver», ya que D*Face corroe sus jóvenes rostros haciendo asomar la muerte. Esta actitud crítica frente a las pautas de conducta (el ‘american way of life’ o el consumismo) y a los propios ‘mass-media’ que los difunden –todos ellos son el sustrato icónico del Pop-, distingue la estrategia artística de D*Face, al tiempo que lo convierte en heredero de muchos de los artistas pop británicos. Entre ellos destacaríamos a Peter Phillips, quien vislumbraba el soterrado sexismo de la publicidad y de los roles de género simbolizados en bienes de consumo, y a Allen Jones y Richard Hamilton, que hicieron aflorar la cosificación de la mujer o la alienación de los bienes de consumo, aquello que Gillo Dorfles llamó «mitologías de lo cotidiano». El propio Hamilton aceptaba la ‘vis’ crítica o de toma de conciencia que podía tener el trabajo de algunos artistas pop al señalar que «No nos ocupábamos del auto o de la idea de velocidad, sino de cómo nos los presentan los medios de masas, como objeto que fascina por todos los trucos que puede añadirle la publicidad hechicera». Y en esas hallamos a D*Face, intentando desmoronar las promesas falsas, palidecer los brillos vacuos y desfigurar los rostros de lo que considera perniciosos valores.

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Fotografías 1, 2 y 3: José Luis Gutiérrez. Cortesía CAC Málaga

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