‘Trampantojos’. Falsos soles de Gonzalo Puch

Trampantojos

Crítica publicada en diario SUR (03/10/2015)

Gonzalo Puch ‘retrata’ y ejemplifica la condición actual de ‘lo fotográfico’. Su obra es una noción expandida de la fotografía que contradice algunas de las especificidades que se le atribuyen a la disciplina

Gonzalo Puch. ‘Falsos soles’

La exposición: 11 fotografías de mediano y gran tamaño realizadas en 2015. Puch, en la pared principal, realiza un montaje irregular (no respeta ejes) con 6 de las imágenes. El artista se ha significado por hacer desembocar la fotografía en los ámbitos de lo espacial y la instalación, aspectos que en esta ocasión sólo quedan reflejados como imagen en alguna fotografía (‘Sin título XI’), ya que no presenta propuesta instalativa alguna. Lugar: Galería Isabel Hurley. Paseo de Reding, 39 bajo, Málaga. Fecha: hasta el 21 de noviembre. Horario: de martes a jueves, de 11.00 a 13.30 h. y de 17.30 a 20.30 h.; viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 18.00 a 21.00 h.; y sábados, de 11.00 a 14.00 h.

A la pregunta de qué es lo que vemos en las fotografías de Gonzalo Puch (Sevilla, 1950) le seguiría una clara respuesta: la propia fotografía. Puch elabora una alegoría sobre ‘lo fotográfico’ que se apoya en numerosas metáforas tendentes a expandir la noción tradicional de la fotografía; o lo que es lo mismo, su actual condición. Noción aquella que, por otro lado, lleva siendo puesta en cuestión o redefinida prácticamente desde el nacimiento de la disciplina. Por tanto, el artista sevillano elabora un discurso meta-fotográfico, cuestionando la fotografía a través de su propia práctica.

Si usamos «instantánea» como sinónimo de fotografía, en función al acto de ‘apresar’ o registrar mecánicamente un instante, tanto como al propio e ínfimo tiempo necesario para ‘apresarlo’ –un disparo, el gesto de pulsar-, la fotografía de Puch no puede ser calificada como tal, como «instantánea». De hecho, ese gesto de pulsar se diluye en un dilatado proceso de composición que es muy cercano a lo plástico –incluso lo pictórico- y que nos introduce en el ámbito de la post-producción; esto es, de todas las operaciones de transformación de elementos fotografiados que pasan a ser usados como fragmentos recompuestos o recontextualizados en una sola imagen, cual ‘collage’. Ni tampoco su fotografía remite a ese registro del instante, de lo que sucede o se dispone ante la cámara, sino a numerosos instantes que son sumados. Tanto es así que podría hablarse de heterocronías, de diferentes tiempos. Al ser su fotografía una adición de fotografías y, por tanto, de fragmentos, automáticamente aflora el factor temporal. Es decir, cada fotografía que participa en la ‘fotografía total’, cada elemento añadido, es un instante distinto, con lo que el cúmulo de tiempos revela un proceso de construcción de la imagen final. Esos andamiajes y precarios edificios que aparecen en su obra pueden, por ello, soportar un valor metafórico, tal vez una alusión a la propia fotografía como construcción. Pero del mismo modo, esos andamios y estructuras bien pudieran ser unas metafóricas tramoyas que aludirían a la teatralidad, a la ilusión y al artificio de la imagen que él genera. Frente a la objetividad y la garantía de veracidad como valores que se le han atribuido secularmente a la fotografía, Puch aboga por lo contrario, por la ilusión y por el engaño, conceptos que, por otro lado, siempre le fueron arrogados a la pintura.

puch

Puch parece sembrar sus paisajes de trampas. Ante éstas, como si sintiésemos la presión del cepo en nuestra pierna, arribamos a un momento de consciencia o comprensión. Es un instante tenso en el que, frente a esos fragmentos, ante esos señuelos no excesivamente ocultos, se revela la ficción. Puch no busca siquiera la verosimilitud. Basta con que la vista pasee por la imagen. Pronto nos percatamos de cómo los edificios están construidos a retazos, cómo una misma ventana es repetida cambiando las escalas, cómo lo que queda en esas vallas publicitarias son fragmentos de tickets de compra y periódicos, cómo los paisajes se conforman en muchos casos con la unión de elementos procedentes de muchos otros –parecieran un ‘patchwork’ o un ‘collage’- o cómo los cielos evidencian que son la suma de varios.

En alguna fotografía, Puch parece replicar recursos que desarrollaron Picasso y Braque durante el cubismo. Nos referimos a pequeños fragmentos que imitan el veteado de la madera y que el artista sevillano camufla en las estructuras lígneas de sus herrumbrosos edificios. Es una trampa más, un ‘tromple l’oeil’ como los que los pintores cubistas introducían, junto a elementos reales, en obras del periodo sintético: imitaciones de maderas, de papeles de pared con motivos decorativos, de piedras como el jaspe o de periódicos. O, por poner un ejemplo trascendental, como ocurre en el ‘picassiano’ ‘Bodegón con silla de rejilla’, en la que incluía elementos reales (cuerda), imitaciones o trampantojos (una rejilla) y recreaciones de la realidad. En definitiva, distintas maneras de experimentar esta última. Puch parece, como aquellos,  citar y transformar esa realidad, acercándonos distintas maneras de conocimiento.

puch4

Pero Puch no sólo consagra a ese discurso meta-artístico sus fotografías. Aunque en esta ocasión no esté demasiado acentuado, más bien aparece de soslayo, otro asunto esencial en su trabajo es la conciencia medioambiental y la degradación del entorno natural por el ser humano, principal agente de cambio. Solamente se manifiestan esa preocupación y ese compromiso en ‘Sin título IX’, en la que aparece una Ophelia que, en lugar de flotar en el agua, se encuentra sobre una escombrera, rodeada de residuos que aluden a la contaminación y a nosotros como causa de ella.

puch6

Si debido a su retórica, al uso de recursos como el «cuadro dentro del cuadro» -en su caso, la «fotografía dentro de la fotografía» (se aprecia en ‘Sin título XI’, una especie de ‘matrioska’ fotográfica)-, a la alusión de la ilusión y al cuestionamiento de la representación, Puch se halla próximo a ‘lo barroco’, cierta ‘vis’ romántica nace al enfrentarnos a su imaginario. Esto es, la precariedad de sus andamiajes y la presencia de la ruina pudieran ser leídas como enunciaciones de lo romántico, en especial de lo sublime, como ocurre con algunas de esas frágiles construcciones expuestas al mar embravecido –tal vez una proyección nuestra-, confrontando lo finito y efímero del Hombre y la magnitud infinita de la Naturaleza.

puch7puch5

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s