‘Voces propias’. Alegría y Piñero

Voces propias

Crítica publicada en SUR (24/10/2015)

La pareja artística Alegría y Piñero se presentan en Málaga con un proyecto ciertamente singular en el que se implementan materiales como el barro y la cera

 

Alegría y Piñero. ‘Espectros’       

La exposición: una instalación que fue escenario de una ‘performance’ desarrollada en la inauguración, 20 gargantas/esculturas de cera, un disco de vinilo con sonidos grabados y con su carátula intervenida, un tocadiscos con grabaciones realizadas con las escultóricas gargantas , 12 esculturas de cera, un friso escultórico de yeso y dos cabezas giratorias. Lugar: Galería JM. Duquesa de Parcent, 12, Málaga. Fecha: hasta el 21 de noviembre. Horario: lunes a viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 17.30 a 20.30 h.; sábados, de 11.00 a 14.00 h.

Sirva el título de esta crítica, ‘Voces propias’, para alertar cómo esta primera exposición en Málaga de la pareja artística Alegría y Piñero, compuesta por Alegría Castillo (Córdoba, 1985) y José Antonio Piñero (Cádiz, 1975), es una rotunda muestra de un proyecto absolutamente singular, que viene a distinguirlos en el escenario de la creación contemporánea. Pero ese ‘voces propias’ no sólo alude al ‘status’ de su proyecto respecto a los de otros, también a cómo el intento de articular un ‘habla primera’ y balbuceante guía algunas de las piezas más contundentes de esta exposición.

Esa idea de lo primitivo, que aquí encontramos en la identidad de la voz, en su condición de balbuceo o de musitar animal, se halla igualmente en la ideación y construcción de precarios artefactos facultados para emitir voces. Ha sido ésta una búsqueda continua del dúo. De hecho, en ‘Espectros’ nos enfrentamos a artilugios que conectan con las primeras y rudimentarias máquinas que originaban la imagen en movimiento. Las dos esculturas ‘Cabeza autobturada’ I y II (2015) son prueba de ello. Las piezas son dos cabezas de madera oscura, pero al girar sobre sus ejes a gran velocidad, gracias a unas milimétricas incisiones, se nos muestran otras imágenes en color en el interior, otros rostros. Ciertamente, la rotundidad de esas cabezas, de una manera cuasi-mágica, pasa a erosionarse, a devenir espectral. El movimiento revela lo latente, lo oculto. He aquí el sueño y la aspiración de los surrealistas; no podemos olvidar cómo el movimiento estaba implícito en una obra trascendental como ‘Bola en suspensión’ (1931) de Giacometti.

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Las esculturas de ‘Prueba de fuego IV’ (2013-14), ahora inmóviles rehusando la cualidad cinética para la que fueron concebidas, nos muestran las ‘tripas’ del proceso. El movimiento las anima y transforma mediante los efectos ópticos, generando una ilusión. Ocurre lo mismo que con los ‘Discos en espirales’ que creara Marcel Duchamp en 1923 –lo mecánico y el movimiento eran fundamentales en su obra-, una serie de círculos concéntricos inscritos en un panel circular que, si éste fuera puesto en marcha y girase, desaparecerían obteniendo otra imagen. Los extraños personajes de ‘Prueba de fuego’, que parecen desdoblarse y ocultan sus rostros, generan enigma y cierta frustración, la de la imposibilidad de asistir a su transformación en una realidad otra, tal vez un espejismo o un espectro.

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‘Neumas’ puede ser considera la pieza central de la exposición, una instalación que queda como residuo o huella de la ‘performance’ realizada por los artistas durante la inauguración. ‘Neumas’ es una especie de banco de trabajo sobre el que quedan restos de barro, artefactos construidos y útiles de alfarero imprescindibles para el desarrollo de la acción. El banco queda flanqueado por sendos tornos de alfarero sobre los que dos pellas de barro descansan convertidas en cabezas. La ‘performance consistió en moldear los bloques hasta convertirlos en unos perfiles humanos continuos que, al proyectar luz sobre ellos, arrojaban sus sombras reconocibles en la pared, al modo de sombras chinescas o de algunas obras de Hans-Peter Feldmann y Tim Noble & Sue Webster. Durante este proceso, Alegría y Piñero practicaban distintas hendiduras en la zona de la boca, de modo que el giro del torno animaba las sombras y, por ende, sus bocas, haciéndoles mantener una figurada conversación. Posteriormente, de la cima de esas cabezas extraían barro y modelaban un artefacto de apariencia grotesca al cual se le insuflaba aire que se convertía en sonidos. La ‘conversación sorda’ mantenida mediante las sombras de las cabezas se trasladaba a lo sonoro.

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El simpar procedimiento del artista británico Simon Starling parece sobrevolar algunas obras que pasan a relacionarse merced a esa metodología. De este modo, asistimos a una transformación de la energía. A saber, las obras parecen encadenarse en una suerte de efecto dominó. Las veinte gargantas de cera de ‘Espectro vocálico’ (2015) se convierten en útiles mediante los que filtrar, como en la ‘performance’, el aire hasta que se transforme en sonidos grotescos, concretamente en 4 variaciones de las 5 vocales. Esas esculturas-gargantas quedan como medio, como indispensable artefacto, mientras que esos sonidos emitidos (aire modulado y vibrante), en esencia intangibles, quedarán registrados en un disco de vinilo, que se halla sobre un tocadiscos junto a las gargantas. ‘Cierra el círculo’ una imagen de esas gargantas que se dispone sobre el plato del reproductor y que al girar, mientras escuchamos las vocales procedentes de esas gargantas, pasarán a desaparecer por efecto óptico.

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Nos encontramos ante un balbuceo, ante sonidos básicos que conducen a un estado arcaico del habla. Alegría y Piñero parece que tienden a un «grado cero», un remontarse al origen, un visitar aquello que ha sido enterrado. Ese «grado cero» tiene mucho de «verdad» en cuanto esencial, en cuanto que es un intento primero –y primario- de modular la expresión y el caudal comunicativo que ha de revelarse a través del aparato fonador, aquí las gargantas. Ese instinto básico de comunicación –conformador de nuestra especie-, ese ‘que salga la voz del cuerpo’, desoye giros, florituras y artificios. Por ello nos conecta con algo oculto, dormido: tiene el poder de la llamada de un origen que siempre ha permanecido en el ser humano, en su imaginario colectivo.

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