‘Luz sobre ellas’. Son modernas. Son fotógrafas.

Luz sobre ellas

Versión ampliada de la crítica publicada en SUR (21/10/2015)

Esta exposición no sólo nos acerca a un conjunto de fotógrafas que trabajaron en el París de entreguerras, arrojando luz y sacándolas de cierta invisibilidad, también nos habla sobre los roles de una nueva mujer

 

‘Son modernas. Son fotógrafas’

La exposición: casi 200 piezas entre fotografías, negativos, negativos retroiluminados, revistas ilustradas y un diaporama con las imágenes que tomó Dora Maar sobre el proceso del ‘Guernica’ de Picasso. La sala de exposiciones ha sido sometida a una restructuración, de modo que se ha ordenado el espacio en función a los cinco apartados en los que se articula la muestra: Laboratorio de la mirada, Taller de retratos, Las formas del desnudo, Moda y publicidad y Foto-reportaje. Comisarias: Julie Jones y Karolina Ziebinska-Lewandouska. Lugar: Centre Pompidou Málaga. Pasaje Doctor Carrillo Casaux, s/n (confluencia de los muelles 1 y 2 del puerto), Málaga. Fecha: hasta el 24 de enero. Horario: de 9.30 a 20 h. Cierra los martes.

 

En el último número de la revista ‘La Révolution Surréaliste’, en 1929, aparecen fotografiados individualmente, al modo de un fotomatón y con los ojos cerrados, 16 artistas y literatos -todos hombres- vinculados al surrealismo. Las 16 imágenes rodean, como una orla, una obra de Magritte, ‘No veo a la (mujer) oculta en el bosque’, una mujer desnuda sobre un fondo oscuro que sustituye la palabra «mujer» en la frase que se puede leer y que da título a la obra. Fuera de lecturas en torno al deseo, al sueño y a la mujer como recurrente y secular figura sobre la que proyectar las fantasías y miedos del hombre, asuntos caros al ‘varonil’ surrealismo, podríamos emplear este montaje fotográfico de manera literal respecto a esta exposición: no (querer) ver a la mujer.

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Y es que, ‘Son modernas. Son fotógrafas’, recoge la obra de 14 fotógrafas, tanto francesas como extranjeras, que trabajaron en el París de entreguerras, que desarrollaron una sostenida carrera profesional (abrieron estudios fotográficos, realizaron campañas publicitarias para marcas y publicaciones, fueron usuales colaboradoras de una pujante prensa ilustrada, actuaron como foto-reporteras para agencias o se convirtieron en retratistas de la intelectualidad) pero que, sin embargo, no cosecharon una fortuna crítica o un reconocimiento acorde para con muchas de sus estimables carreras; al margen quedan algunas como Dora Maar o Florence Henry, de las que se muestran algunas imágenes aquí y quienes gozaron de una justa y relativamente inmediata valoración. Buena parte de estas artistas, en cierto modo, han estado invisibilizadas hasta hace unos años, cuando sus fotografías empezaron a ser revisadas. Muchas de ellas compartieron cartel en 2009, en la exposición ‘Paris capitale photographique 1920-1940. Collection Christian Bouqueret’, con autores célebres como Atget, Boiffard, Bellmer, Lotar, Kertész, Brassaï, Man Ray o Ubac, ayudando a perfilar un contexto trascendental para la historia de la fotografía en el que ellas participaron. En el último lustro también se han podido ver exposiciones individuales que han ido situándolas con justicia en el escenario fotográfico, como las de Berenice Abbott, Laure Albin Guillot y Germaine Krull, en 2012, 2013 y 2015 respectivamente, todas en el parisino Jeu de Paume. Sin duda, el ingreso en el Centre Pompidou (París) de la Colección Christian Bouqueret, compuesta por más de 7000 imágenes de las que proceden la casi totalidad de las aquí expuestas, ha posibilitado diferentes ejercicios de visibilidad. Ahí radica una de las misiones fundamentales de las instituciones museísticas hoy: la capacidad para generar nuevos relatos y –cómo no- la necesaria ‘rescritura’ de la Historia del Arte.

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Este ejercicio de revisión, revalorización y visibilización de lo inadvertido o desatendido es un proceso que se repite continuamente. Precisamente, asistimos en nuestro país, mediante el documental ‘Las sin sombreros’, a la reivindicación de la labor y la obra de algunas de las creadoras y pensadoras de la Edad de Plata de la cultura española, mientras que otras artistas como Ángeles Santos o Remedios Varo esperan un conocimiento y reconocimiento aún mayores de los que gozan actualmente.

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Ciertamente, la exposición malagueña, heredera de algunas de las citadas, sigue arrojando luz sobre esas fotógrafas –haciéndonos ver ‘la mujer oculta’- y revela otros asuntos capitales. En primer lugar, ha de entenderse esta muestra no sólo como un relato histórico-artístico, también como una ‘historia social’. Es decir, estas artistas no son consideradas «modernas» únicamente por los códigos fotográficos que emplearon, aunque pocas desarrollaron discursos trascendentales rayanos en lo vanguardístico, sino porque fueron ejemplares de un nuevo rol femenino en las primeras décadas del siglo XX. La fotografía les permitió una integración laboral, cuando no un ‘emprendimiento’ (abrieron estudios fotográficos y de comunicación), un reconocimiento profesional y, por tanto, una efectiva emancipación; muchas rehusaron el matrimonio y la maternidad, todas tenían formación y, en algunos casos, sus trabajos como foto-reporteras les obligó a adquirir riesgos. Son, pues, ejemplares y pioneras del camino –aún por terminar de recorrer- de la igualdad. También la muestra revela la importancia de las revistas ilustradas y de las campañas de publicidad que, aunque pudieron seguir empleando cartelistas como Colin, Carlu, Loupot o Cassandre, demandaban la imagen fotográfica como principal fuente de ilustración y como soporte esencial para artículos –piensen en el foto-reporterismo.

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Otro aspecto que revela, precisamente no menor y en dos vías distintas, es el de la aceptación y difusión de los nuevos modos fotográficos. A saber, de un lado y teniendo en cuenta que pocas de las fotógrafas expuestas se adscribieron a movimiento alguno –sólo Henri y Maar se hallaron en los rededores del surrealismo-, percibimos una admirable versatilidad apoyada en el desarrollo de temas, géneros y recursos que caracterizaron a diferentes movimientos y autores, alternándolos sin prejuicios. Es decir, una ‘nueva mirada fotográfica’ que se asienta y propaga más allá de los maestros o cabezas de cada movimiento. Y, por otra, atendiendo a la decisiva penetración que tuvieron estas fotógrafas en los medios de masas, más democráticos y difundidos que las revistas de vanguardia, fueron decisivas para divulgar esa nueva mirada, ese nuevo modo de conocer el mundo.

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Entre las casi 200 piezas que componen la exposición nos encontramos fotografías sobresalientes y viajamos desde cierto clasicismo a posiciones más experimentales basadas en puntos de vista expresivos  que transformaban la realidad, juegos de luces y sombras, fundidos, pictorialismo o ‘foto-collages’. Muchas, como Ergy Landau, Krull o Maar, recorren París fotografiando maniquíes, tal como hiciera Atget; Ilse Bing, Marianne Breslauer o  Krull registran la ciudad desde las alturas, usando perspectivas que rememoran la fotografía de Rodchenko o Strand; son valiosísimos algunos reportajes de carácter antropológico y social, como los de Denise Bellon y Krull; las miradas de Landau, Albin Guillot, Bellon o Krull a obras de ingeniería y elementos mecánicos son cercanas a las de otros como Strand o Deslaw, convergiendo con un ‘aire del tiempo’ consagrado al maquinismo y con el interés por la forma del purismo pictórico de Ozenfant y Le Corbusier; captan, como Breslauer, Notre Dame envuelta en un nebulosa pictoricista, como si se tratase del Flatiron de Stieglitz, o los mismos ‘graffitis’ a los que Brassaï había atendido; Nora Dumas, por su parte, insuflaba aire heroico a los campesinos parisinos merced a contrapicados que recuerdan a Rodchenko; en los desnudos, Albin Guillot o Yvonne Chevalier jugaron con los fundamentos fotográficos surrealistas (deformación y fragmentación); o fueron las encargadas, como Bing o Krull, de retratar para revistas de moda el universo de una nueva mujer, ésa que ellas ejemplificaron.

 

Fotografías: cortesía del Centre Pompidou Málaga

(En breve subiré a En la cuerda floja la entrada de la crítica publicada en ABC Cultural de esta misma exposición)

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