Archivos Mensuales: marzo 2016

‘Tiempos revueltos’. Hors Pistes: el arte de la revuelta

Tiempos revueltos

Versión ampliada de la crítica publicada en diario SUR (20/02/2016)

El conflicto, indisociable de las sociedades humanas, es un motor para éstas. ‘Hors Pistes’ atiende a los últimos movimientos sociales y a paradigmas y estrategias como lo asambleario y lo horizontal. Resistencia y transformación, actitudes irrenunciables

 

‘Hors Pistes. El arte de la revuelta’

La exposición: una veintena de piezas fílmicas de 16 artistas o colectivos, atendiendo a lo documental (Ressler, Cohen, Triet) y la fabulación o lo simbólico (Cabello/Carceller, Parreno, Reyes, Romero) componen el programa de vídeo, la exposición o actividad central del festival. Junto a éstas, mesas de debates, pases de películas, talleres y ‘performances’. Comisarias: Géraldine Gomez y Sylvie Pras. Lugar: Centre Pompidou Málaga. Pasaje Doctor Carrillo Casaux, s/n (confluencia de los muelles 1 y 2 del puerto), Málaga. Fecha: hasta el 28 de febrero. Horario: de 9.30 a 20 h. Cierra los martes.

 

La celebración del festival ‘Hors Pistes’ en el Centre Pompidou Málaga, sirve para observar una nueva –y afortunada- dimensión de la institución. Con el desarrollo de ‘Hors Pistes’, ésta avanza hacia una consideración más próxima a la de centro de arte, ya que atiende a la creación estrictamente contemporánea y articula y produce una serie de acciones artísticas y debates que se engloban en el tema al que se consagra el festival. He aquí otro de los asuntos a considerar: ‘Hors Pistes’ se viene desarrollando en París desde hace más de una década y, en esta ocasión, nuestra ciudad sirve de antesala a la edición que ocupará el parisino Centre Pompidou en abril; debido a esto, la presencia de artistas nacionales ha adquirido gran importancia y la extraordinaria ‘performance’ concebida por Pedro G. Romero para esta cita, ‘Las procesiones (La calebarroca)’, celebrada el sábado 13, se representará en Francia. Aunque ésta requeriría para sí una crítica aparte, dada su potencia conceptual y acertada puesta en escena a través del flamenco, no nos resistimos a esbozar cómo el flamenco, a través de palos básicos -quizás los mas primitivos-, se presenta no sólo como modo de expresión de un pueblo, de sus ritos de pasos en los que se incluye momentos felices y trágicos, sino como un vehículo de crítica y de sabiduría (popular). La pieza, en su apartado de apoyo visual/verbal (una pantalla retroproyectada), enlaza con el dispositivo de archivo al que se ha entregado Pedro G Romero desde hace años -piensen en su Archivo FX-, así como en la naturaleza de esas sentencias y citas que obtiene de fuentes diversas (la ineludible obra de Georges Bataille, letras de flamenco, coplas populares, letrillas de carnavales, expresiones blasfematorias, etc.). Subyace en esto, en esta intervención para que crezca la presencia del arte contemporáneo español, un ejercicio –menor o no- de internacionalización de la creación patria.

‘Hors Pistes’ está conformado por una exposición que funciona como un extensísimo programa de vídeo, talleres participativos que toman el espacio público, proyecciones de películas en el Cine Albéniz, mesas de debate y varias ‘performances’ (a la de Romero se le une la de Anne Collod que hoy se realiza). La institución se ramifica y proyecta en el entorno, interactuando con los ciudadanos, alumbrando, en muchos casos, experiencias de arte relacional, volcadas a la generación de situaciones, como las de Collod o el taller de Iván Argote en torno a la protesta.

En su afán por interrogarnos por el presente, ‘Hors Pistes’ dedica cada edición a un tema de actualidad. En esta ocasión ha sido «El arte de la revuelta», centrándose en los movimientos sociales que se desencadenaron en distintas partes del mundo en los últimos años (15-M, Occupy Wall Street o la ateniense Plaza Syntagma). Estos ejes se amplían con otras cuestiones propositivas en torno a nuevos modelos de sociedad y de organización ciudadana, que sirven tanto para frenar erráticas y sordas para con el individuo actuaciones públicas, como para solucionar, desde abajo y en horizontal, la inoperancia de las administraciones en problemas acuciantes. La programación tiene la virtud de ‘escapar’ de cierta estetización vacua y de una perniciosa cosificación en las que se puede incurrir al hacer ‘museables’ estas situaciones y ‘síntomas sociales’ con ansias de transformación. Es lo que pudo suceder con la inclusión de una acampada en la 7ª Bienal de Berlín (2012): movimientos de indignados que ocuparon lugares en todo el planeta se daban cita allí para mostrar una suerte de repertorio estético y demostrar en qué consistía la actividad asamblearia y cómo era la vida en las acampadas. El afán por dar visibilidad puede desembocar en inane curiosidad y en reducir a los activistas a objetos de museo antropológico o de etnografía, en los que se descubría, con ‘distancia etnocéntrica’, ‘exóticas formas de vida’.

La propuesta del Pompidou sortea esta situación debido a su evidente tono documental y a lo metafórico y simbólico de algunos de los vídeos, como el poético y contundente de Mel O’Callagham: una persona que resiste, hasta vencer, el poderoso caudal de una manguera que intenta reducirlo –un autor tan atento a lo político como Fernando Sánchez Castillo ha empleado camiones-manguera de la policía como esculturas y como motivos para sus vídeos-. En cualquier caso, la incorporación del arte político a los museos es una cuestión conflictiva que bascula entre la posible ‘desactivación’ de las demandas, tanto como el uso interesado de la institución que las viene a fagocitar bajo la figura de la «legitimación», y, por contra, la capacidad de ‘infiltración’ y saber aprovechar el altavoz y el poder simbólico que suponen las instituciones museísticas, donde se genera sentido. No obstante, parece que los lugares más oportunos para ejercitar una «crítica institucional» son las propias instituciones. De hecho, no podemos dejar de recordar una exposición como ‘Principio Potosí’, que tuvo lugar en el Reina Sofía (2010), como tampoco obviamos ciertas similitudes entre ‘Hors Pistes’ y otra muestra del Reina como fue ‘Playgrounds. Reinventar la plaza’ (2014), en la que la malagueña Leonor Serrano desarrolló un taller infantil en torno a la construcción colaborativa y horizontal, asunto que vemos aquí, a otra escala, en los vídeos del arquitecto Santiago Cirugeda.

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5MEL O CALLAGHAN ENSEMBLE

Mel O’Callagham

Pedro G Romero

Los vídeos, además, enlazan con la preocupación que tiene la sede malagueña por atender al cuerpo como ‘escenario’ y ‘constructo’ privilegiado –como ‘campo de batalla’- para el arte de los siglos XX y XXI (la primera temporal, ‘Vidéodanse’, se dedicó al arte del movimiento corporal, así como una de las secciones de la colección responde a «El cuerpo político». Y, ciertamente, son los cuerpos, unas veces en individual, como el vídeo de O’Callagham o el del bailaor Israel Galván filmado por Pedro G.,  y otras en masa, articulados como unidad que se opone al poder, los que centran la mayoría de cintas.

15PEDRO REYES BABY MARX

Pedro Reyes

27ADRIAN MELIS MOMENTS THAT SHAPED THE WORLD

Adrián Melis

Aunque muchas otras piezas fílmicas hubieran tenido cabida -resulta imposible no recordar las acciones del colectivo Flo6x8 en sucursales bancarias y en el Parlamento de Andalucía, en las que se usa el flamenco como ‘arma’, creando letras incisivas-, la selección es brillante y expande los conceptos de revuelta y revolución a muchas situaciones y estrategias de la sociedad actual. Es desternillante y posee algo de ‘Rebelión en la granja’ de Orwell el ‘Baby ‘Marx’ de Pedro Reyes. ‘Rond de jambe’, de Aimee Zito Lema, recupera la oposición ciudadana en los ochenta a la construcción de la Ópera de Ámsterdam, lo que sirve para que el ejemplo burgalés de Gamonal acuda a nuestra mente. Los vídeos de Adrián Melis, en los que juega con la paradoja, son de una lucidez aplastante, poniendo en evidencia las contradicciones de los sistemas. Las acciones de ‘Recetas urbanas’ (entre ellas los barracones de Teatinos), de Cirugeda, evidencian modelos de recuperación, autoconstrucción y de sostenibilidad, en ocasiones retando a la legalidad, y que hoy cuentan con el refrendo de las instituciones –piensen en los últimos premios Turner y Pritzker, concedidos a los comprometidos colectivo Assemble y a Alejandro Aravena-. Los vídeos de Oliver Ressler y Jem Cohen nos acercan a las tomas de las plazas: síntomas de tiempos revueltos, de tiempos de cambio.

26SANTIAGO CIRUGEDA RECETTES URBAINES

Santiago Cirugeda

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Santiago Cirugeda

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Justine Triet

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Jem Cohen

 

Fotografías: cortesía del Centre Pompidou Málaga

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María Cañas. ‘La risa como rebelión’

La risa como rebelión

Versión ampliada de la crítica publicada en el diario SUR (27/02/2016)

El ardor guerrero de los vídeos de María Cañas supone una rebelión contra el principio de autoridad y lo solemne. La risa es su estrategia, la manera de dinamitar las interesadas imágenes que nos gobiernan

 

María Cañas. ‘Contenga multitudes’

La exposición: 2 vídeo-instalaciones (‘Risas en la oscuridad’ y ‘Al toro bravo échale vacas’) y un vídeo emitido en monitor. La primera de ellas está articulada en tres canales, ocupando el primer espacio de la galería. Todas ellas fueron producidas con ayuda del CAAC (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo) para su exposición ‘Risas en la oscuridad’ en la institución sevillana durante 2015. Lugar: Galería Isabel Hurley. Paseo de Reding, 39 bajo, Málaga. Fecha: hasta el 26 de marzo. Horario: de martes a jueves, de 11.00 a 13.30 h. y de 17.30 a 20.30 h.; viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 18.00 a 21.00 h.; y sábados, de 11.00 a 14.00 h.

La risa es una estrategia que marca el lúcido e iconoclasta trabajo videográfico de María Cañas (Sevilla, 1972). Convertir en risible aquello que se construye y difunde como solemne, ideal o sagrado, de modo que se perpetúe sin la menor erosión y cuestionamiento, es una de sus principales aspiraciones. Pero la risa, como se evidencia en esta ocasión, no sólo es un mecanismo de resistencia y crítica ante el poder; no sólo es parte de la ironía, del sarcasmo o de la sátira que permiten revelar falsedades y convenciones a través del humor, antesala de la dolorosa y necesaria toma de conciencia de lo pernicioso. Éste ha sido siempre el principal marco de actuación de la creadora sevillana, quien se ha apropiado de las imágenes interesadas que nos gobiernan hasta dinamitarlas y destriparlas. Pero la risa también es una suerte de desplante, de gesto de rebelión. Y por qué no, de autoafirmación. Nos percatamos de esa noción de la risa al situarnos en el primer espacio de la galería. Allí nos encontramos arropados por las imágenes y el sonido de ‘Risas en la oscuridad’. Merced a que es un vídeo en tres canales quedamos envueltos por el flujo visual, que se proyecta sobre tres paredes. La mujer protagoniza esos vídeos. La mujer que ríe, que osa retar al mundo y que se muestra con una sonora y amenazante carcajada, cargada de confianza en sí misma. Una risa que parece hacer tambalear lo seguro, que se abre a un posible desmoronamiento, como el baile destructor de la deidad hindú ‘Shiva’, que permitiría la posterior reconstrucción del mundo. Cañas parece homenajear a un sinfín de variaciones de la ‘femme fatale’, constructo en el que se proyectaban los deseos y miedos del varón. Lolita, Matahari, una ‘freak’ de Tod Browning, Gilda, brujas o vampiras –en definitiva, la mujer como temido ‘Otro’- son algunas de ellas, algunas de las que ríen a pesar de ser quemadas en una hoguera, en una suerte de purga, como se hizo acallar el conocimiento por siglos. Esa risa tal vez sea el legendario canto de sirena, arma de destrucción. Cañas, lejos de insistir en lo lastimoso de esas metáforas, parece ‘hacerse fuerte’ y aceptar ese poder, esa capacidad y esa soterrada superioridad que late tras esas construcciones acerca de lo femenino.

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La artista procura combatir aquello que parece contar con el principio de autoridad. Su actitud es la del desacato a lo que, con demasiada presunción y con nuestra anuencia y pasividad, acaba ostentando la autoridad y, por consiguiente, la facultad para dictar y ordenarnos. Cañas capitanea esta guerra de guerrillas. ¿Cuánto tiene de metáfora sobre su trabajo ese personaje femenino que porta un fusil de asalto y que arremete a tiros en ‘Risas en la oscuridad’? ¿Es, tal vez, un autorretrato?

La artista sevillana desactiva, renivela, resignifica la imagen pre-existente. Su estrategia es la de sabotear y poner en ridículo, porque sí, nos reímos del fallo, del ‘bluf’, y esa risa puede abonar la lucidez. Quizás las carcajadas, las ‘risas en la oscuridad’, consigan despertarnos de la complaciente contemplación, de la cómoda digestión de material audiovisual cocinado y masticado para nosotros

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‘La mano que trina’, por su parte, nos alerta del uso y perversión de las nuevas tecnologías, de cómo pueden estimular la idiotez y la vacuidad o cómo son amplificadores de la estulticia. Para ello, Cañas recupera, fiel a su canibalismo visual, numerosos vídeos que los usuarios comparten en las redes sociales y que tienen al móvil y a los nuevos dispositivos como protagonistas. Indudablemente, la risa puede brotar con algunos de ellos, pero rápidamente el gesto se tuerce: son sintomáticos de una sociedad ensimismada que ansía el entretenimiento como escape y que aspira a tener visibilidad y eco a cualquier precio –aquellos minutos de fama que señalaba Andy Warhol-, empezando por la propia ridiculización (no confundir con el sanísimo sentido del humor). Son producto, también, de un nuevo comportamiento sobrevenido por este nuevo paradigma de relaciones virtuales, el de la ‘extimidad’ (hacer públicos aspectos que hasta no hace mucho eran considerados íntimos).

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Las idolatrías siempre han estado en el ‘punto de mira’ de Cañas, y, en este vídeo, asoma la tecnología como nueva religión y el móvil como su imagen sagrada o tótem. La artista vuelve a apropiarse de todo ese material que circula por la red y lo ordena, acompañándolo de sonido que enfatiza aún más su carácter paródico (el ‘Borriquito como tú’ en alemán), hasta componer un mosaico delirante que, por momentos, resulta lastimoso y preocupante (niños que saben manejar una ‘tablet’ pero que son incapaces de pasar las páginas de un libro o que reclaman atenciones ante la inmersión narcótica de sus padres en el mundo virtual). En el vídeo, además de siniestras ‘formas de vida’, como ‘bebés-cyborg’, aparece la basura o chatarra tecnológica (‘e-waste’), la entropía resultante de la promesa de felicidad que suponen las nuevas tecnologías. Hay un macabro viaje de ida y vuelta implícito: enviamos la basura tecnológica que generamos en pos de nuestro bienestar y confort a África. Esto es, devolvemos parte de lo que nace de una materia prima mineral como es el coltán, imprescindible para los ‘smartphones’ y otros medios electrónicos, escasísima y que en casi su totalidad se localiza en yacimientos de la República del Congo. No sólo su extracción se realiza en una situación que linda con la semiesclavitud, sino que origina conflictos armados que provocan víctimas y multitud de desplazados. El coltán es hoy un ‘diamante de sangre’. Mientras, ajenos a todo, cambiamos de móvil y devoramos recursos y puede que vidas. En su ácida y continuada revisión de las identidades, como puede ser la Semana Santa (‘Holy Thriller’) y el orgullo de lo localista (‘Sé villana. La Sevilla del diablo’), en ‘Al toro bravo échale vacas’ parece tocarle el turno a la patria y a algunos de sus símbolos.

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Fotografías: cortesía de María Cañas y Galería Isabel Hurley