Pilar Albarracín. ‘De máscaras e identidades’

De máscaras e identidades

Versión ampliada de la crítica publicada en diario SUR (30/07/2016)

Pilar Albarracín nos sitúa, con la ironía y la parodia como mediadoras, ante muchas de las imágenes que representan la identidad de ‘lo español’. Constructos que, de tanto difundirse, acaban por aceptarse y ser nuestras máscaras

 

Pilar Albarracín. ‘Ritos de fiesta y sangre’ 

La exposición: una decena de obras repasan la producción de la artista en los últimos 15 años. En el Espacio 5 se proyecta el vídeo ‘Padre padrone’, mientras que en el espacio central se sitúan varias instalaciones, como ‘Asnería’, en la que un asno disecado corona una montaña de libros de arte, ‘Muro de geranios’, en la que decenas de macetas ocupan una de las paredes, o ‘Pavos reales’. Junto a éstas, mantones bordados que incorporan en su repertorio pastillas en alusiones a los paraísos artificiales, ‘El toro’, una máquina para dar puñetazos, o una fotografía que recoge una acción, disciplinas éstas habituales en su trabajo. Comisario: Fernando Francés. Lugar: CAC Málaga. Alemania s/n., Málaga. Fecha: hasta el 18 de septiembre. Horario: de martes a domingo, de 10 a 14 h. y de 17 a 21 h.

 

Uno de los textos cruciales acerca de los procesos de conformación de la identidad de ‘lo español’ en el arte y el pensamiento es ‘La noche española’, de Ángel González García, recogido en su prodigiosa antología ‘El resto. Una historia invisible del arte contemporáneo’. En él, a modo de detonante para su escrito, cita la profunda decepción que vivió Théophile Gautier al ver bailar un bolero en España. Gautier sentenció: «Los bailes españoles sólo existen en París». La idea de que muchas de esas imágenes y creencias sobre nuestra identidad son falsificaciones o simulacros, como también constructos o modelos que nos vemos obligados a secundar para optar-a-ser lo que se espera de nosotros –hasta convencernos de que somos así-, subyacen en la reflexión de Ángel González. Esos postulados parecen latir del mismo modo en el trabajo de Pilar Albarracín (Sevilla, 1968), de quien ahora se revisa su trayectoria última con esta retrospectiva.

z-pilaralbarracin6

z-pilaralbarracin5

El trabajo de Albarracín tiene como concepto medular la identidad de ‘lo español’ y más específicamente de ‘lo andaluz’, que vino –y viene- a sustituir o desplazar a la primera en la mirada de los extranjeros, con el consecuente ‘manoseo’ y desvirtuación que ello genera. Por tanto, Albarracín se centra en los iconotipos o las supuestas señas de identidad, muchas veces codificaciones y clichés, que se fueron construyendo a lo largo del tiempo, especialmente desde el Romanticismo, y a través de una mirada foránea, para la cual nuestro país desempeñó el papel del Otro con el que confrontarse por oposición. Códigos que se acabarían aceptando y replicando y que, incluso hoy, siguen estando vigentes. La estrategia de Albarracín tiene algo de ambivalente. En ocasiones, a través de la ironía, de la mordacidad o directamente del humor, evidencia esos procesos de conformación de la identidad e incluso los parodia deviniendo exageradas y ridículas manifestaciones de nuestro acervo. En otras, con la misma lucidez que las operaciones anteriores, escenifica algunos rasgos de nuestra idiosincrasia. Esto ocurre con su acercamiento al flamenco, que, aunque posee un matiz irónico y exacerbado, consigue evidenciar la extremosidad, el dolor, lo visceral o la tragedia que posee éste, tanto su ejecución como la poesía popular que lo sustenta. Esta línea de actuación se evidencia en su ‘video-performance’ ‘Lunares’ o en sus acciones registradas fotográficamente ‘Vísceras por tanguillos’ y ‘Fandango por venas y arterias’, que nos hacen recordar la célebre expresión de Tía Anica la Piriñaca: «cuando canto a gusto, la boca me sabe a sangre». En cualquier caso, en esta ocasión, el acercamiento al flamenco se muestra mediante la icónica fotografía ‘Prohibido el cante’, expresión que se podía encontrar en muchas tabernas andaluzas y que, precisamente, dio nombre (‘Prohibido el cante. Flamenco y fotografía’) a una exposición que el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) organizó en 2009 con cerca de 90 autores que desde el siglo XIX se habían acercado al flamenco.

z-pilaralbarracin02

Pero en el amplio horizonte de la identidad de ‘lo español’ –‘Asnería’ (2010), su instalación principal, cita de los ‘Caprichos’ de Goya, y el vídeo ‘Padre padrone’ (2010), son modos de acercarnos a los parámetros de la educación tradicional en España-, ocupan un espacio importante los discursos de género. O, de modo más exacto, cómo los roles y pautas de conducta de ciertas sociedades condicionan la identidad de género que se da en ellas. Así, observamos un latente cuestionamiento respecto a los roles de género en obras como ‘Pavos reales’ (2010), en la que vemos el pavoneo de dos aves disecadas, con el admirativo piropo «¡Guapa!» (2015) bordado al modo de un mantón de Manila detrás, aunque quien despliega las plumas es la hembra, como si de una ‘Carmen’ de Prosper Mérimée se tratara; en las latas de conservas de ‘Muro de geranios’ (2005), con la continua presencia de estereotipos femeninos, alguno con evidente y desproporcionado sexismo (mujeres que muestran aceitunas a la altura del voluptuoso y casi desnudo busto). Otro ejemplo es ‘El toro’ (2015), una especie de máquina de dar puñetazos de las ferias que, en esta ocasión, no mide la fuerza sino el valor ante el toro, una buena oportunidad para saber cómo de macho se es y si se lleva un torero en el interior mientras suena el pasodoble taurino por antonomasia, ‘El gato montés’. La pantalla de la máquina muestra la escala por la que se mide el valor, del «vamos» al  «torero torero», pasando por el insustituible «olé». La carga de profundidad en torno al tratamiento de género adquiere su grado máximo en las imágenes que indican los premios que se recibe según la valentía: desde el simple aplauso a obtener como trofeo una fémina en paños menores.

z-pilaralbarracin03

Una suerte de bucle identitario, casi que al modo de una ‘matrioska’, resulta ser el comentado ‘Muro de geranios’. La pared cuajada de latas de conservas, que hacen las veces de metálicos tiestos para geranios, evoca la tópica imagen de los patios y corralones andaluces como unidad de habitación tradicional, en la que parece atesorarse un ‘modus vivendi’ de esta tierra del que no gozan la mayoría de andaluces. Esa imagen cuenta, a su vez, con un cúmulo de imágenes identitarias. Buena parte de esas enormes latas-maceteros cuentan con diseños que aluden a los clichés patrios. La idea de relacionar el origen del producto con algunas de las supuestas señas de identidad que el consumidor foráneo nos atribuye, se aprecia en muchos de esos motivos. Estas latas que cuelgan sirven de ‘embajadoras’ y ‘difusoras’ de nosotros, al tiempo que reafirman lo que se supone que debemos ser, nuestra supuesta identidad, lo que se espera de nosotros. De este modo, en esas latas de aceitunas o de melva, encontramos gráciles manos tocando las castañuelas, mujeres morenas ataviadas con trajes regionales o mujeres, como la exuberante que ocupa la lata de aceitunas Karina, más cercana al orientalista cuento de ‘Las mil y una noches’ que a la imagen de la mujer andaluza. Muchos de esos envases están rotulados en otros idiomas, especialmente el alemán, evidenciando ese intento de vender ‘lo nuestro’ en el exterior usando aquellas imágenes acrisoladas en el imaginario europeo y que se constituyen en símbolos. Símbolos que hacen las veces de máscaras, de aquello que oculta la realidad, aunque a costa de repetirse el estereotipo se acaba aceptando y representando. Justamente, acerca de esa difusión de los clichés, en la televisión pública andaluza encontramos un ejemplo en horario preferente del sábado noche; en ‘prime time’ se emite el programa ‘Yo soy del sur’, un ‘talent show’ de sevillanas que toma el nombre de una composición en la que encontramos frases como “me gusta dormir la siesta”, “los caballos bien domados y las charlas de casino”, “me gustan los toros serios”, “me gustan las romerías”, “los jardines con geranio”, “los miradores con arcos y las ventanas con rejas” y, en el paroxismo de lo supuestamente identitario, sentencia  “Yo soy así, y tienes que comprender que mis costumbres son esas y no las quiero perder”.

El valor de la obra de Albarracín estriba en esto, en una suerte de desvelamiento, en situarnos ante las imágenes que han de representarnos para presenciar, de este modo, la posible degeneración de las mismas y asombrarnos. Tal como le ocurrió a Gautier.

Fotografías: cortesía del CAC Málaga.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s