Archivos Mensuales: enero 2017

‘La Naturaleza como espejo’. Alba Moreno & Eva Grau en Isabel Hurley

La Naturaleza como espejo

Versión ampliada de la crítica publicada en diario SUR (07/01/2016)

Alba Moreno y Eva Grau siguen construyendo su poética gracias a la suma de metáforas acerca de la convivencia y el diálogo. Muchas estaban latentes en la Naturaleza, en espera de sus miradas

Alba Moreno & Eva Grau. ‘The Distance in Between’
La exposición: 3 obras la componen, pero todas ellas son instalaciones, varias con un gran componente ambiental (‘environment’), por lo que crean atmósferas que se apoderan del espacio. Las 3 instalaciones evidencian la multiplicidad de disciplinas y soportes que emplean estas artistas: instalación fotográfica (fotografías sobre metacrilato que en algunos casos se superponen), vídeo cuya proyección sobre pantalla se refleja en una lámina de vidrio sobre el suelo, así como los derredores de ‘lo escultórico’ con dos postes metálicos que intercambian mensajes mediante luces. Lugar: Galería Isabel Hurley. Paseo de Reding, 39 bajo, Málaga. Fecha: hasta el 21 de enero. Horario: de martes a jueves, de 11.00 a 13.30 h. y de 17.30 a 20.30 h.; viernes, de 11.00 a 14.00 h. y de 18.00 a 21.00 h.; y sábados, de 11.00 a 14.00 h.

Al recorrer la exposición de Alba Moreno y Eva Grau (1985 y 1989, Málaga) el que esto escribe siente una sensación familiar. Las tres instalaciones con las que solventan este proyecto, primero en solitario en una galería, refrendan el universo de esta pareja artística conformada en 2014 y que, con anterioridad a ésta, había desarrollado dos exposiciones individuales (Centro Cultural Provincial y Casa Sostoa, 2014 y 2016 respectivamente). No es poco esto, fraguar, en tan corto espacio de tiempo, un corpus de obras reconocibles como propias y un conjunto de imágenes que participen inequívocamente de las alegorías que vienen construyendo. Esto es situarse cerca de una de las aspiraciones de todo artista: poseer coherencia y tener un ‘sello’. En definitiva, ir cincelando una poética personal e intransferible, tanto como seguir reformulando su mundo gracias a mantener los asuntos y metáforas explorados mediante nuevas herramientas e imágenes y –lo que es aún más importante- a través de nuevas vivencias. Y es que, el trabajo de ambas se nutre de esa componente (co)vivencial. No en vano, sus obras son un transparentar su condición como pareja, con sus retos, dificultades y logros.

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Desde que se franquea la entrada de la galería se percibe el carácter ambiental que persiguen Moreno y Grau en cada proyecto, carácter que busca crear una atmósfera de recogimiento y que las piezas no sólo estén en el espacio, también que lo tomen e interactúen con él. La continua alusión a la Naturaleza es otro rasgo que caracteriza el trabajo de ambas. Tanto como la presencia medular de la luz y de lo dual y dialéctico.
Esa sensación familiar mencionada adquiere una dimensión especial ante ‘The Old World is Burning’, la instalación fotográfica que cierra la exposición. Al recorrer las múltiples fotografías que la componen resulta imposible no recordar la exposición ‘Huellan/Ellos’ (CCP, 2014), la primera en la que estas artistas hacían confluir sus caminos. Algunas de esas imágenes de una Naturaleza radical en la que se concentran los extremos (valles y montanas, oquedades y cimas, lava e hielo), tomadas en Islandia, hacen rememorar obras que pudieron verse entonces, como ‘Planeta’ o ‘Cavar un agujero es construir una montaña’, así como alguna fotografía del proyecto ‘Never to Be Forgotten’. Esa sensación de agitación de la memoria que el espectador puede sentir ante esos escenarios que evocan su trabajo inicial, puede ser una sensación próxima aunque ínfima respecto a la que estas artistas pudieron sentir ante el desvelamiento de esos accidentes naturales. Es decir, unas creadoras que basan su trabajo en la ideación y ‘localización’ de metáforas acerca de la convivencia y el diálogo, en un viaje a Islandia –viaje de autoexploración y auto-indagación- encuentran que esas metáforas ideadas existían. Esos hallazgos podrían estar cerca de lo que se conoce como serendipia, una especie de encuentro fortuito de algo relevante y que, en su caso, ya había sido explorado; casi que un momento de revelación al descubrir que las metáforas que ellas habían creado jugando con lo natural estaban en la Naturaleza, latentes, esperando a que alguien las dotara de sentido. También nos obliga a pensar en un carácter arqueológico. Frente a esas obras que son escenarios de gran simbolismo, no podemos evitar ‘desenterrar’ otras anteriores. Quizá ello se deba a que Moreno y Grau parecen articular su trabajo mediante «metáforas obsesivas», metáforas que las comprometen. Sin embargo, ese compromiso, ese registro personal o autobiográfico se expande. En ellas podemos proyectar nuestras propias situaciones y comportamientos cotidianos: la convivencia y la relación con los demás y especialmente con otro interlocutor, la comunicación y el diálogo que se deriva de ello, tendente en ocasiones al consenso y otras al disentimiento.

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‘The Old World is Burning’, la instalación fotográfica está cargada de tensiones y extremos; algunos de ellos, de hecho, aparecen en un texto que, cifrado en Morse, se ‘enuncia’ en otra de sus obras presentes en esta exposición (‘The Inner Room’). No en vano, no deja de ser una contundente serie sobre los estados de la materia: el hielo, el fuego y la lava o el vapor de agua, a las que se unen el día y la noche o la sombra y la luz. Suman otra nueva metáfora vivencial, fiel al recurso de la temperatura (sensación de calor y frío) que sistemáticamente han trasladado a su obra; sensaciones ligadas a las maneras de manifestarse del ser humano y también a la necesidad del otro (calor, ser arropados). Ellas aparecen recortadas o a contraluz, quizás como metáfora de la dificultad del equilibrio, ante muchos de esos fenómenos, ante una Naturaleza que se muestra sublime mediante todo su poder.

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La instalación principal es la que se halla en el espacio central de la galería: ‘Return Forever’. De nuevo, la Naturaleza aparece como ilimitada cantera de la que proceden imágenes que, con la justa intervención de las artistas, se sobredimensionan y adquieren un sentido alegórico. Una catarata conformada por dos afluentes que se unen en la caída y vienen a desembocar en un mismo lugar parecía permanecer latente a la espera de que las artistas la dotaran de sentido y, al participar de un discurso, adquiriera una proyección vivencial y autobiográfica. Dos cursos, tal vez con recorridos muy distintos, vienen a converger y a mezclar sus caudales hasta convertirse en uno. En primera instancia es una metáfora de la propia pareja artística, de la condición ‘en singular’ que aceptan en el arte y en la vida a pesar de la dualidad. Pero, indudablemente, queda abierta a que cada uno de nosotros nos reconozcamos en esa especie de enseñanza de vida en la que parece convertirse la cascada. La Naturaleza emerge para las artistas como un espejo presto a devolverles una alegoría. Y ese espejo que localizan, que toma simbolismo por su condición como pareja, es puesto a nuestra disposición. Este sentido se amplifica al situar bajo la pantalla sobre la que se proyecta la catarata un vidrio negro. Haciendo uso de uno de los recursos predilectos de Moreno y Grau, el reflejo, la cascada se duplica produciendo una suerte de eterno retorno, de ciclo de la vida.

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También en ese ámbito de la dualidad y de la comunicación se adentra ‘The Inner Room’, conformada por dos vástagos metálicos que intercambian mensajes cifrados en código Morse a través de la luz -casi que un manifiesto vital y creativo-. Esta obra, nuevamente, nos sitúa en ese ámbito de diálogo que las autoras consideran fundamental de la convivencia y del trabajo. En muchas ocasiones nos encontramos ante la imposibilidad de contar el trabajo de Moreno y Grau sin remitirnos a su condición de pareja. Y es que su obra parece transparentar esa condición, ese diálogo sostenido, ese trasvase de ideas, ese encuentro e intercambio de experiencias. Tanto que podríamos decir que ambas ‘transparentan’ a través de metáforas el proceso creativo y vivencial. De hecho, como ocurre con esta exposición, la enunciación de la dualidad siempre ha aparecido en sus proyectos, como en ‘Géminis’, el que desarrollaron para los Encuentros de Arte de Genalguacil y que consistía en dos paralelepípedos verticales que reflejaban imágenes y la luz. ‘The Inner Room’ es una pieza tremendamente fría y aséptica –el metal no es gratuito, siempre es usado por Moreno y Grau con un fin sinestésico, en alusión a la temperatura-, pero, al mismo tiempo, es profundamente espiritual. La comunicación, el diálogo, la unión, la conexión pasan a ser algo inaprensible y etéreo, ajeno a lo material, como la luz.

 

 

También puedes leer en este blog ‘Esperanzas’, la crítica a su primera individual en el CCP:

https://juanfranciscorueda.wordpress.com/2014/06/22/alba-moreno-eva-grau-esperanzas/

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El renacer del Museo de Málaga en la Aduana

El renacer del Museo de Málaga

Versión ampliada de la crítica publica en ABC Cultural (10/12/2016)

MUSEO DE MÁLAGA
Palacio de la Aduana. Plaza de la Aduana, 1, Málaga (www.museosdeandalucia.es/cultura/museos/MMA/)

Cuando el lunes 12 de diciembre se inaugure el Museo de Málaga, en su nueva sede del Palacio de la Aduana, se dará por concluido un periodo de 20 años en el que las colecciones de la institución han estado almacenadas en distintos edificios, mostradas sólo de manera parcial en varias exposiciones temporales que ayudaron a seguir haciéndolo mínimamente ‘real’ y ‘tangible’. Dos décadas en las que la ciudad ha visto nacer numerosos museos en ausencia de éste, creado en 1913 y abierto al público en 1916. De hecho, el Museo de Málaga tuvo que dejar su ubicación en el renacentista Palacio de Buenavista para dar paso al Museo Picasso Málaga, que venía a ocupar ese edificio y parte de su entorno, la judería. Curiosamente, el testimonio del primer intento por recuperar la figura de Picasso desde su ciudad natal, el Legado Sabartés, descansa en los fondos del Museo de Málaga; libros ilustrados y carpetas de grabados cuya llegada se fragua en los cincuenta.

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Con la salida de su anterior sede se iniciaría, por tanto, no sólo esa suerte de travesía por el desierto, aderezada –cómo no- por desencuentros políticos y retrasos, sino que se puso en marcha una valiosa e inesperada reivindicación con la plataforma ciudadana La Aduana para Málaga. Ésta, mediante masivas manifestaciones y recogidas de firmas, reclamó el uso museístico del infrautilizado administrativamente Palacio de la Aduana, un imponente edificio de rigor neoclásico iniciado a finales del siglo XVIII según trazas de Manuel Martín Rodríguez. La rehabilitación ha corrido a cargo de los arquitectos Fernando Pardo Calvo, Bernardo García Tapias y Ángel Pérez Mora, mientras que la museografía la firma Frade Arquitectos. La intervención sobre el histórico palacio ha sido ambiciosa, recuperándose la cubierta a dos aguas, destruida en un incendio en 1922, generando miradores y cubriéndose con paneles de aluminio. Del mismo modo, se han originado nuevos espacios monumentales –de gran impacto visual, como el zaguán en el que se ubica parte de la Colección Loringiana-, en los que dialogan la fábrica original con nuevas soluciones y muros, así como se ha propiciado una comunicación entre ámbitos y plantas a través de la permeabilidad que aportan a la nueva construcción distintos vanos y la flotación de la planta tercera, que no toca los muros originales. Por momentos sentimos que nos encontramos en un edificio inscrito en otro. La actuación ha propiciado cerca de 3000 metros cuadrados de espacio expositivo, repartidos en las dos plantas en las que se sitúan las secciones que componen el museo, arqueología y Bellas Artes. A éstos hay que sumar cerca de 1500 entre la sala de exposiciones temporales y el apabullante almacén visitable de la planta cero, bajo un cielo de bóvedas. Este último, ‘per se’, pareciera una instalación artística que emplease como fórmulas la del archivo e inventario.

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De entrada, se ha musealizado el propio edificio y el yacimiento arqueológico donde se asienta. De este modo, en la planta baja, a través de un suelo transparente, no sólo se observan los cimientos del palacio neoclásico, también parte de la muralla medieval de la ciudad. En este mismo nivel encontramos la ‘Dama de la Aduana’, estatua romana aparecida en la construcción del edificio. Esta suerte de arranque expositivo, sin encontrarnos aún en los espacios destinados a ello, ilustra la intención del proyecto; de un lado, el valioso ejercicio en pos de sumar contenido, mensaje y contexto, mientras que, de otro, la riqueza de los fondos arqueológicos de la institución. No en vano, a escasos metros se hallan el teatro romano, la colina donde se alza la Alcazaba, así como las distintas murallas de la ciudad y numerosas piletas de ‘garum’. De hecho, no es extraño que muchos de los edificios del entorno posean los yacimientos arqueológicos sobre los que se levantan como espacios musealizados, como los vecinos Museo Picasso Málaga, el Rectorado de la Universidad de Málaga o, algo más lejano, la villa romana sita en el Museo Carmen Thyssen, que en 2017 pasará a ser visitable complementando la colección del museo y el indudable valor patrimonial del renacentista Palacio de Villalón.

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El discurso museológico destaca por la densidad de registros y capas de información. Las piezas parecen concebirse como prismas con numerosas facetas, de modo que están facultadas para construir distintos relatos. Obviamente, el principal, o cuanto menos el medular, es la capacidad para explicar la historia de Málaga, no sólo de la capital, desde antes de su fundación. El ejemplo es la Prehistoria, que es abordada no cronológicamente sino por temas, y entre ellos se atiende al megalitismo, con fundamentales ejemplos en la provincia. El discurso que articula el conjunto va desgranándose en numerosos temas adyacentes, incluyéndose en la gravedad de lo historiográfico distintas microhistorias y curiosidades. Esto dinamiza la visita y construye un relato poliédrico y con distintos niveles. Muchos de esos temas adyacentes suponen auténticas ‘cápsulas’ en las que se indaga y ejemplifica sobre asuntos como la arqueología o los ritos funerarios, para lo que se apoyan en formidables piezas, como la Tumba de Jinetes, o en las primeras excavaciones de núcleos fenicios en los sesenta por parte de arqueólogos alemanes.

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El inicio de ambas secciones sitúa al visitante en la Málaga que ve nacer la Aduana, una ciudad que en el XIX se conforma como una de las ciudades más industrializadas y pujantes del país, con una burguesía ilustrada y liberal en la que nacen personalidades capitales para la Edad de Plata. De este modo, a partir del afán coleccionista de las grandes familias –el caso de los Loring con su fastuosa colección arqueológica- y de la Academia de San Telmo, como albacea de los numerosos bienes desamortizados y por su propio patrimonio pictórico, se señala el origen de muchos de los fondos del museo. De hecho, continuamente se revisa la propia conformación de la colección para usar las obras, al margen de su propio valor artístico, como introductoras de episodios históricos y sociales.
El museo cuenta con unos destacadísimos fondos de pintura del siglo XIX, merced al desarrollo de la ciudad y al florecimiento de una vigorosa escuela pictórica. El recorrido, enmarcado en una escenografía historicista que huye del espacio neutro, se articula por géneros y conceptos que ilustran el desarrollo del arte en aquella centuria, propiciando un diálogo entre lo local y las corrientes nacionales. Autores malagueños o vinculados a Málaga como De Haes, Ferrándiz, Simonet, Denis Belgrano o Moreno Carbonero, tanto como géneros que gozaron de fortuna en la ciudad y adquirieron singularidades estilísticas, gozan de espacio y tratamiento destacados. No obstante, debemos reseñar la contundencia y diversidad del conjunto de piezas de Antonio Muñoz Degrain. Antes de esta rotunda puesta en escena, encontramos obras de arte sacro, de Ribera, Murillo, Mena o Fernando Ortiz; después, las poéticas fin de siglo, la aportación malagueña al Arte Nuevo, con Joaquín Peinado, Ponce de León y Moreno Villa –fundamental el numeroso conjunto de éste. Para cerrar, la renovación de la segunda mitad del XX, con Chicano, Brinkmann, Francisco Peinado, Barbadillo y autores más recientes como el colectivo Agustín Parejo School, Carlos Durán o Joaquín de Molina. Y Picasso apareciendo puntualmente con obras de sus primeros y últimos años, del Picasso niño y adolescente y del Picasso octogenario con un portentoso y ‘salvaje’ ‘Busto de mosquetero’.

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Por todo esto, éste es un renacer que trae una reconciliación con la larga y fecunda Historia de la ciudad y la provincia y un incomparable e impagable ejercicio de reconocimiento.

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‘Sorpresa en el museo’. 6 artistas contemporáneos en el MUACP

Sorpresa en el museo

Versión ampliada de la crítica publica diario SUR (31/12/2016)

Esta exposición es una oportunidad para redescubrir este museo de la mano de seis artistas contemporáneos que, entre lo lúdico y lo evocador, camuflan sus obras entre las miles que componen la colección

‘6 artistas contemporáneos para los 40 años del MUACP’
La exposición: 25 obras de 6 artistas se camuflan entre las miles que componen la colección permanente de esta institución. Son, por tanto, intervenciones específicas que se desarrollan a través de pinturas, fotografías, fotografías intervenidas, cerámicas y esculturas. Comisario: José Medina Galeote. Lugar: Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares, Mesón de la Victoria, Plaza Enrique García-Herrera, 1, Málaga. Fecha: hasta el 5 de enero de 2017. Horario: de lunes a viernes, de 10.00 a 17.00 h.; sábados, de 10.00 a 15.00 h.

Quizá el acto conmemorativo más destacable del 40 aniversario del Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares consista en las intervenciones que han realizado los artistas Javier Calleja, DDarko, Noelia García Bandera, Chema Lumbreras, Rafael Parra Román y Santiago Picatoste a lo largo de la colección, de carácter etnográfico, que ocupa este edificio del siglo XVII. Hay una intención absolutamente lúdica en la intervención de los artistas a través de sus muy distintas obras y en el proceso de recepción por parte de los espectadores. Los primeros, a modo de camuflaje, juegan con los espacios y con el universo objetual expuesto, entrando en diálogo con muchos elementos que pasan a transformarse en algunos casos; respecto a los visitantes, la actitud es la de la sorpresa y el hallazgo. La visita, marcada por ese aspecto sorpresivo, toma un cariz francamente divertido ante muchas de las propuestas que nos abordan, sumando conocimiento y diversión. Es, por tanto, una oportunidad para redescubrir la colección, para acercarse al arte actual de la mano del patrimonio etnográfico o viceversa. Y es, también, una oportunidad para la institución, que no sólo se abre al arte contemporáneo, también a nuevos públicos atraídos por la obra de estos creadores contemporáneos.

Esta fórmula de intervenciones en los museos, gracias a muchos de esos aspectos positivos y retornos, se viene repitiendo últimamente. Servirían como ejemplo los casos de ‘Historias Naturales’ (2013), un proyecto de 22 intervenciones de Miguel Ángel Blanco en el Museo Nacional de El Prado mediante el cual ‘ponía en contacto’ las obras de la pinacoteca madrileña con 150 piezas del Museo Nacional de Ciencias Naturales; ‘Objetos de deseo’ (2014), la intervención, bajo comisariado de Carlos Delgado Mayordomo, por parte de siete artistas jóvenes, en la segunda planta del Museo Nacional de Artes Decorativas (Madrid); ‘Reinterpretada’ (2014), proyecto que pretendía un diálogo con la colección del Museo Lázaro Galdiano a través de la obra de Enrique Marty; o, porañadir un caso internacional, la exposición actual de Jan Fabre en el Hermitage de San Petersburgo, ‘Knight of Dispair / Warrior of Beauty’, en la que el autor despliega un abundante corpus de piezas que se ‘infiltran’. A la luz de estos ejemplos y del propio del Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares, ha de valorarse una situación que pocas veces se contempla: actuar con el ‘pie forzado’ de intervenir en un espacio museístico, en contacto con la colección expuesta. Es, sin duda, una oportunidad para el artista, un auténtico reto. Más aún, como en el caso que nos ocupa, intervenir en una colección de esta índole y no propiamente de las ‘elevadas’ e ‘ilustradas’ Bellas Artes.

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La primera pieza, que actúa a modo de foco, ya que se puede ver desde la calle, es una pintura de Santiago Picatoste. La abstracción, el lenguaje que lo caracteriza, podría parecer un hándicap, pero el color y lo orgánico se convierten en una suerte de eco de la exuberante vegetación del patio central del edificio. Muchos de los artistas se han visto motivados por los objetos de la colección, de tal modo que han desarrollado sus piezas e intervenciones con la clara determinación de dialogar con ellos o con los ámbitos en los que se articula el museo. DDarko, en el espacio dedicado a la imprenta y a la industria de la litografía en la Málaga decimonónica, que producía carteles e infinidad de etiquetas para los productos que se exportaban, introduce una fotografía antigua de una bodega o taberna cuyo personal aparece velado por confetis y lazos de colores. Más rotunda es su intervención en la zona de la cerámica y la porcelana. En una vitrina donde se sitúan con mimo exquisitas vajillas, aparece, a modo disruptivo, un plato roto con el lema «I love vandalism». Esa oda a la destrucción y a la violencia, característica de este artista proveniente del arte urbano, se repite en los anaqueles en los que se disponen con esmero orzas, ánforas y vasijas. Ahí se introducen un busto y un recipiente pintados con ‘graffiti’. Javier Calleja actúa en numerosas jaulas que se disponen en distintos espacios del museo. Éste emplea algo tan popular como los juguetes, ámbito que también dispone de una sección. Pero Calleja obvia introducir muñecos de súper-héroes entre juguetes antiguos y lo hace en jaulas. Nace la profunda ironía de ver cómo esos personajes se ven atrapados en esas circunstanciales cárceles, sin poder hacer uso de sus poderes. Calleja recurre, como vemos, a lo infantil, el juego y a las escalas, aspectos fundamentales de su poética.

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Los fabulísticos seres y minúsculos personajes de Chema Lumbreras campan a sus anchas por todo el museo, pudiéndolos encontrar en los lugares y objetos más insospechados: atrapados contra la pared por una pala de panadero, una de sus ratas tras un cedazo, un hombre-ratón que asoma de un botijo mientras que una rana hace por acercarse al pitorro para beber o un minúsculo busto que cuelga a metros de altura, desde donde deja caer una kilométrica trenza como si fuera una liana por la que trepar. Noelia García Bandera, por su parte, interviene en varios espacios. En la zona dedicada a la religiosidad popular, al lado de los singulares cristales pintados con iconografías devocionales, sitúa una fotografía que incide en ese carácter ‘naïf’ de muchas de esas escenas. En el mosaico de vistas de Málaga que difundió el periódico ‘El Guadalhorce’ entre 1839 y 1840, la artista introduce escenas de modelos femeninas que vienen a alterar el paisaje. La intervención desarrollada en los toneles, en la zona dedicada al vino, es extremadamente sutil. García Bandera coloca unos tondos fotográficos de telas y telones sobre algunos fondos de los toneles, de modo que éstos se transforman. Las texturas de esas telas, sumamente sugerentes, hacen imposible no pensar en el velo de flor, la capa de levadura que se genera en algunos vinos dentro de las botas.

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Por último, Rafael Parra Román también emplea la fotografía y lo hace, igualmente, de un modo sutil y evocador. El artista, fiel a sus fotografías intervenidas, sitúa algunas imágenes de ‘western’, convenientemente veladas como si fueran un eco del pasado, sobre calesas y coches de caballos. La sonrisa asoma al intuir imágenes de vaqueros y actores de Hollywood en esos vehículos que relacionamos con el imaginario de la conquista del Oeste. Y se cierra el círculo, en un museo dedicado a lo popular, con la evocación al cine que encontramos en sus fotografías.

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‘Esperanza y decoro del punk’. Democracia en T20

Esperanza y decoro del punk

Versión ampliada de la crítica publicada en ABC Cultural (31/12/2016)

DEMOCRACIA
VACACIONES EN ESPAÑA
Galería T20. Victorio, 27-bajo, Murcia (www.galeriat20.com). Hasta el 26 de enero

Aunque Democracia tituló uno de sus proyectos recientes como ‘La mejor lucha es la que se hace sin esperanza’ (2015), en relación al centenario del nacimiento del guerrillero antifranquista Francesc Sabaté i Llopart, la elección del punk como vehículo y lenguaje específicos para el proyecto que presentan en la Galería T20 puede contener algo de esperanza o de fe en esta música y en la subcultura aparejada. O tal vez no sean éstas sino un lógico ‘decoro’ (forma útil y consecuente a un contenido y a unos fines) del punk –un decoro basado en lo indecoroso, valga la paradoja-, en una actitud provocadora, crítica e iconoclasta. Como lógica es también la correspondencia entre punk y anarquía, ámbito de referencia para Democracia, como se evidencia en las fuentes e iconografía que usa para muchas de sus entregas. Sin ir más lejos, su anterior proyecto, ‘Contra la Democracia’, consistió en la edición de un libro, de título homónimo, escrito bajo el nombre colectivo de Grupos Anarquistas Coordinados y en el que se cuestionaba la noción asumida popularmente de “democracia” como el mejor sistema posible de gobierno, o volviendo a la pervertida frase de Churchill el ‘menos malo’ (“La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes”). Aquel proyecto, ‘Contra la democracia’, ya evidenciaba el carácter desafiante de este colectivo, pues, mediante ese libro, al que la Audiencia Nacional consideró como un indicio de pertenencia a organización terrorista, se intentaba cuestionar los presupuestos democráticos de nuestro país.

‘Vacaciones en España’ es el título de un disco en vinilo que contiene una sola canción, de idéntico nombre, que graba el grupo punk Contra la Democracia, creado ‘ex profeso’ para esta exposición, que pronto se verá excedida. Es decir, para la próxima edición de ARCO aparecerá la cara B, mientras que en 2017 el grupo actuará en algunos festivales. Con ello, Democracia, fiel a su activismo en el espacio público, hace un ejercicio de infiltración y camuflaje en formatos de difusión masiva ligados a la cultura popular, estrategias de ‘guerrilla’ del arte político. No es éste un escenario nuevo, ya que ha intervenido en espectáculos como el fútbol (‘No os dejéis consolar’ o ‘No hay espectadores’, 2009 y 2014 respectivamente) y, como en esta ocasión, a través de la palabra, sólo que ahora es cantada. Con acciones como ésta, el equipo de trabajo formado por Iván López y Pablo España, continúa cierta ‘tradición’ del activismo artístico español. Imposible resulta no pensar en el colectivo Agustín Parejo School, que empleó la música en proyectos como ‘Málaga Euskadi Da’ y grabaciones en vinilo (‘Hirnos de Andalucía’, 1987) bajo el nombre de Peña Wagneriana.

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Son numerosos los guiños a la historia del punk en ‘Vacaciones en España’. Podríamos establecer un figurado paralelismo entre Democracia y T20 con respecto a Malcom McLaren y su londinense tienda SEX (‘manager’ y espacio vinculado a los Sex Pistols), en relación a la creación y ‘promoción’ del grupo Contra la Democracia. Sin embargo, el principal es el de la propia canción, que recuerda a ‘Holiday in Cambodia’, de los Dead Kennedys. A partir de aquí se introduce la carga de profundidad: Camboya como único país por delante de España con más desaparecidos. La letra del ‘single’ es contundente, corrosiva y desafiante: un auténtico ‘repaso’ al sistema y a las medidas represoras y de injusticia social del mismo, una sátira de la obediencia, una puesta en duda de la Transición y el ‘borrón y cuenta nueva’, así como un clamar por los muertos, por los desaparecidos aún no encontrados. Sal y vinagre frente al azúcar y el laurel con el que se cocinan, muy a menudo, el pasado y la Historia. Un ejemplo reciente lo tenemos en la serie televisiva ‘Lo que escondían sus ojos’, en la que, parapetados en una peculiar idea de ficción -usen aquí los eufemismos que prefieran (almíbar, memoria selectiva, visión sesgada, separar al hombre del político, etc.)-, se revisa episodios muy puntuales de la vida de Joaquín Serrano Suñer. Processed with VSCO with a6 preset

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La portada y contraportada del disco se conforman con fotomontajes cáusticos, en línea con la tradición crítica y satírica de esta ‘herramienta’ (El Lissitzky, Rodchenko, John Heartfield, Hannah Höch, Josep Renau, Kati Horna o, por citar un caso más reciente, Marta Rossler con ‘House Beautiful. Bringing the War Home’, de 1967-72). El de la carátula está compuesto por dos turistas que, en bikini, sonríen a la cámara mientras disfrutan de una playa alfombrada de calaveras. La contraportada es una imagen del Benidorm previo a su explosión; frente al mar, se levanta un océano de manos alzadas cual saludo fascista. La idea de “normalización política” parece aflorar en esas imágenes de nuestro país bajo el franquismo: un país al que acudían millones de visitantes que hacían del turismo un motor económico y un país en el que florecían artistas como los de El Paso -convenientemente promocionados-, ponderables a los alemanes, franceses o a los norteamericanos de la Action Painting, debía ser un país “normal”. Democracia parece querer desnudar y desenterrar este ‘paraíso’ para el viajero. Acompaña a la canción y a los fotomontajes, otra cita a la Guerra Civil mediante la bandera del Batallón de la Muerte o Centuria Malatesta, compuesta por anarquistas italianos, que participó en el frente de Aragón. Esta enseña enlaza con un proyecto anterior, ‘Todos los muertos’, desarrollado en Valencia, en la vía pública, y en el que encontramos ya esa reclamación acerca de los desaparecidos.  Junto a ellos, y casi como retrospectiva, camisetas de proyectos anteriores que refuerzan ese afán de intervención disruptiva en la esfera pública mediante el sabotaje de códigos y la ‘inoculación’ de mensajes.

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‘Esperanza y decoro del punk’ es uno de los tres artículos que ABC Cultural dedicó al punk en la actualidad, o a la actualidad del punk, en su número del 31 de diciembre de 2016. Los otros dos artículos podéis leerlos en los siguientes enlaces:

http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-cuarenta-anos-punk-cenizas-sensacionalismo-201701011342_noticia.html?platform=hootsuite

http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-post-punk-postureo-rabioso-listas-exitos-201701011343_noticia.html?platform=hootsuite