‘Sorpresa en el museo’. 6 artistas contemporáneos en el MUACP

Sorpresa en el museo

Versión ampliada de la crítica publica diario SUR (31/12/2016)

Esta exposición es una oportunidad para redescubrir este museo de la mano de seis artistas contemporáneos que, entre lo lúdico y lo evocador, camuflan sus obras entre las miles que componen la colección

‘6 artistas contemporáneos para los 40 años del MUACP’
La exposición: 25 obras de 6 artistas se camuflan entre las miles que componen la colección permanente de esta institución. Son, por tanto, intervenciones específicas que se desarrollan a través de pinturas, fotografías, fotografías intervenidas, cerámicas y esculturas. Comisario: José Medina Galeote. Lugar: Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares, Mesón de la Victoria, Plaza Enrique García-Herrera, 1, Málaga. Fecha: hasta el 5 de enero de 2017. Horario: de lunes a viernes, de 10.00 a 17.00 h.; sábados, de 10.00 a 15.00 h.

Quizá el acto conmemorativo más destacable del 40 aniversario del Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares consista en las intervenciones que han realizado los artistas Javier Calleja, DDarko, Noelia García Bandera, Chema Lumbreras, Rafael Parra Román y Santiago Picatoste a lo largo de la colección, de carácter etnográfico, que ocupa este edificio del siglo XVII. Hay una intención absolutamente lúdica en la intervención de los artistas a través de sus muy distintas obras y en el proceso de recepción por parte de los espectadores. Los primeros, a modo de camuflaje, juegan con los espacios y con el universo objetual expuesto, entrando en diálogo con muchos elementos que pasan a transformarse en algunos casos; respecto a los visitantes, la actitud es la de la sorpresa y el hallazgo. La visita, marcada por ese aspecto sorpresivo, toma un cariz francamente divertido ante muchas de las propuestas que nos abordan, sumando conocimiento y diversión. Es, por tanto, una oportunidad para redescubrir la colección, para acercarse al arte actual de la mano del patrimonio etnográfico o viceversa. Y es, también, una oportunidad para la institución, que no sólo se abre al arte contemporáneo, también a nuevos públicos atraídos por la obra de estos creadores contemporáneos.

Esta fórmula de intervenciones en los museos, gracias a muchos de esos aspectos positivos y retornos, se viene repitiendo últimamente. Servirían como ejemplo los casos de ‘Historias Naturales’ (2013), un proyecto de 22 intervenciones de Miguel Ángel Blanco en el Museo Nacional de El Prado mediante el cual ‘ponía en contacto’ las obras de la pinacoteca madrileña con 150 piezas del Museo Nacional de Ciencias Naturales; ‘Objetos de deseo’ (2014), la intervención, bajo comisariado de Carlos Delgado Mayordomo, por parte de siete artistas jóvenes, en la segunda planta del Museo Nacional de Artes Decorativas (Madrid); ‘Reinterpretada’ (2014), proyecto que pretendía un diálogo con la colección del Museo Lázaro Galdiano a través de la obra de Enrique Marty; o, porañadir un caso internacional, la exposición actual de Jan Fabre en el Hermitage de San Petersburgo, ‘Knight of Dispair / Warrior of Beauty’, en la que el autor despliega un abundante corpus de piezas que se ‘infiltran’. A la luz de estos ejemplos y del propio del Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares, ha de valorarse una situación que pocas veces se contempla: actuar con el ‘pie forzado’ de intervenir en un espacio museístico, en contacto con la colección expuesta. Es, sin duda, una oportunidad para el artista, un auténtico reto. Más aún, como en el caso que nos ocupa, intervenir en una colección de esta índole y no propiamente de las ‘elevadas’ e ‘ilustradas’ Bellas Artes.

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La primera pieza, que actúa a modo de foco, ya que se puede ver desde la calle, es una pintura de Santiago Picatoste. La abstracción, el lenguaje que lo caracteriza, podría parecer un hándicap, pero el color y lo orgánico se convierten en una suerte de eco de la exuberante vegetación del patio central del edificio. Muchos de los artistas se han visto motivados por los objetos de la colección, de tal modo que han desarrollado sus piezas e intervenciones con la clara determinación de dialogar con ellos o con los ámbitos en los que se articula el museo. DDarko, en el espacio dedicado a la imprenta y a la industria de la litografía en la Málaga decimonónica, que producía carteles e infinidad de etiquetas para los productos que se exportaban, introduce una fotografía antigua de una bodega o taberna cuyo personal aparece velado por confetis y lazos de colores. Más rotunda es su intervención en la zona de la cerámica y la porcelana. En una vitrina donde se sitúan con mimo exquisitas vajillas, aparece, a modo disruptivo, un plato roto con el lema «I love vandalism». Esa oda a la destrucción y a la violencia, característica de este artista proveniente del arte urbano, se repite en los anaqueles en los que se disponen con esmero orzas, ánforas y vasijas. Ahí se introducen un busto y un recipiente pintados con ‘graffiti’. Javier Calleja actúa en numerosas jaulas que se disponen en distintos espacios del museo. Éste emplea algo tan popular como los juguetes, ámbito que también dispone de una sección. Pero Calleja obvia introducir muñecos de súper-héroes entre juguetes antiguos y lo hace en jaulas. Nace la profunda ironía de ver cómo esos personajes se ven atrapados en esas circunstanciales cárceles, sin poder hacer uso de sus poderes. Calleja recurre, como vemos, a lo infantil, el juego y a las escalas, aspectos fundamentales de su poética.

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Los fabulísticos seres y minúsculos personajes de Chema Lumbreras campan a sus anchas por todo el museo, pudiéndolos encontrar en los lugares y objetos más insospechados: atrapados contra la pared por una pala de panadero, una de sus ratas tras un cedazo, un hombre-ratón que asoma de un botijo mientras que una rana hace por acercarse al pitorro para beber o un minúsculo busto que cuelga a metros de altura, desde donde deja caer una kilométrica trenza como si fuera una liana por la que trepar. Noelia García Bandera, por su parte, interviene en varios espacios. En la zona dedicada a la religiosidad popular, al lado de los singulares cristales pintados con iconografías devocionales, sitúa una fotografía que incide en ese carácter ‘naïf’ de muchas de esas escenas. En el mosaico de vistas de Málaga que difundió el periódico ‘El Guadalhorce’ entre 1839 y 1840, la artista introduce escenas de modelos femeninas que vienen a alterar el paisaje. La intervención desarrollada en los toneles, en la zona dedicada al vino, es extremadamente sutil. García Bandera coloca unos tondos fotográficos de telas y telones sobre algunos fondos de los toneles, de modo que éstos se transforman. Las texturas de esas telas, sumamente sugerentes, hacen imposible no pensar en el velo de flor, la capa de levadura que se genera en algunos vinos dentro de las botas.

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Por último, Rafael Parra Román también emplea la fotografía y lo hace, igualmente, de un modo sutil y evocador. El artista, fiel a sus fotografías intervenidas, sitúa algunas imágenes de ‘western’, convenientemente veladas como si fueran un eco del pasado, sobre calesas y coches de caballos. La sonrisa asoma al intuir imágenes de vaqueros y actores de Hollywood en esos vehículos que relacionamos con el imaginario de la conquista del Oeste. Y se cierra el círculo, en un museo dedicado a lo popular, con la evocación al cine que encontramos en sus fotografías.

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