‘Paisaje. Entorno y contexto’ en Genalguacil Pueblo Museo

Vuelvo a actualizar el blog con una entrada dedicada a un comisariado que firmo. Esto se está convirtiendo en una buena/mala costumbre: sólo actualizar con proyectos de comisariado -y no todos- y dar de lado (forzosamente) críticas y textos que voy publicando en distintas cabeceras y revistas. Espero gozar a partir de este mes de algo más de tiempo que me permita subir, como hacía antes, esos textos en versión extendida.

Pero hoy toca hablar de Paisaje. Entorno y contexto, una exposición que, hasta el 7 de junio, podéis disfrutar en el Museo de Arte Contemporáneo Fernando Centeno de Genalguacil Pueblo Museo. Es una exposición de la que me hallo muy contento, tanto por el resultado, por la ambición del proyecto -con una intervención urbana, rememorando la estrategia que pusimos en marcha el año pasado con Pintar imaginarios-, así como por poder trabajar con los artistas y obras seleccionadas, algunas de ellas las tenía muy clavadas en mi pensamiento.

Además de fotografías adjunto el enlace a una crítica de la exposición firmada por Reyi Pérez Castillo y publicada en Plataforma de Arte Contemporáneo, así como un enlace a un vídeo sobre la exposición en la que hablan varios artistas.

Invitación apaisada

Paisaje. Entorno y contexto es un proyecto expositivo comisariado por Juan Francisco Rueda en el que participa una veintena de artistas andaluces de distintas generaciones. La exposición se consagra al género de paisaje, que es aquí modulado por las distintas sensibilidades estéticas, intereses y disciplinas artísticas que poseen los 24 creadores seleccionados. De este modo, la imagen de la Naturaleza se registra y recrea en soportes y medios tan distintos como pintura, fotografía, escultura, instalación, dibujo, vídeo, intervención urbana o vídeo mapping.

Si el género de paisaje supone una mirada y representación del entorno, principalmente natural, este conjunto de obras es, a su vez y como reza el título, una mirada, aunque no exhaustiva, al contexto artístico andaluz. Esto es, un paisaje del arte andaluz. Los artistas que participan en Paisaje. Entorno y contexto tienen al paisaje y a la Naturaleza como elementos habituales en sus trabajos, en algunos casos entregándose en exclusiva a ellos, convirtiéndolos en esenciales en sus estrategias o poéticas. El paisaje se convierte no sólo en registro o representación de la Naturaleza, posibilitando desde su reproducción a una recreación y transformación de ésta que haga aflorar distintos mensajes, también pasa a ser soporte o medio para, desde ella, desde la Naturaleza, excederla y desembocar en cuestiones de orden autobiográfico, vivencial, político, cultural, metafísico o alegórico de la propia creación artística.

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Junto a la treintena de obras que ocupan las salas del museo, la exposición se expande en el espacio urbano gracias a una intervención pictórica que Julio Anaya Cabanding ha realizado en la última casa de la Plaza de la Constitución, justo la que se sitúa en el mirador que se abre al valle del Genal. Fiel a su estrategia, Anaya recrea, generando un trampantojo, la pintura Vista del Castillo de Gaucín (1849), de Genaro Pérez Villaamil, una de las cimas de la pintura de paisaje romántico que se encuentra en el Museo Nacional del Prado. La imagen recreada por Anaya dialoga con el paisaje, justamente el mismo que pintó en clave romántica Pérez Villaamil. Se abre la posibilidad, a través de esta intervención, de apreciar cómo la imagen de la Naturaleza se transforma en función a los intereses de cada época y al sentido romántico del paisaje.

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Precisamente, el inicio de la exposición avanza en esa línea. Las obras de Ramón David Morales, Matías Sánchez, José María Escalona o Noelia García Bandera, desde perspectivas y disciplinas distintas, hablan de la imagen de la Naturaleza como un constructo, como una interpretación que viene, en parte, a transformarla. Un Oleorama de Javier Valverde evidencia cómo el artista fragmenta y decide sobre lo que lleva al lienzo, convirtiéndose en imagen de esa Naturaleza. Asimismo, en los casos de Escalona y García Bandera, se reflexiona sobre la fotografía, tanto su integración con otras artes como la capacidad del medio fotográfico para generar ficciones. Y entre la ficción y la sinécdoque se sitúa una de las piezas de Miguel Ángel Moreno Carretero: una sucesión de lascas de pizarra que, como parte de la Naturaleza, alude al todo, ya que los fragmentos pétreos dibujan el perfil de una cordillera. Dialoga con esas lascas la obra de Javier Palacios, en la que un amasijo de piedras generan un extraña construcción. Sorprende el preciosismo con el que ha reproducido las piedras, sobredimensionándolas hasta desembocar en lo monumental, lo que genera cierta sensación anómala o siniestra.

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Otro grupo de obras alude a la presencia humana y la modificación del espacio natural. Las fotografías de AAron y Antonio Navarro nos hablan de experiencias en ese entorno. Navarro, por su parte, alude a los encuentros furtivos que se dan en la Naturaleza como lugar que se abre a los intercambios sexuales y que configuran nuevos escenarios de uso, transformándose, de manera orgánica, algunos elementos. AAron parece diluirse en el paisaje y convertirse en éste; en una sistemática exploración del medio natural que rodea su residencia, el artista se funde con el entorno y registra cómo éste se transforma, cómo es un marco proceso, como su propia obra. José Medina Galeote, preguntándose por su medio ambiente como artista, decide crear una suerte de cartografía de su propio estudio gracias a un frottage de óleo sobre el suelo rugoso, lo que genera la ilusión de un paisaje árido y rocoso. Es el paisaje que, como artista, habita diariamente, el que genera las coordenadas de su creación. También en la Naturaleza se hallan Moreno&Grau, pero no para transformarla con su uso, sino para transformarse ellas gracias a verse reflejadas en los fenómenos naturales. El paisaje es para ellas como una suerte de revelador espejo que les proporciona la imagen más ajustada de sí mismas. También Arturo Comas transita por la Naturaleza escenificando el humor y la poética del absurdo que le vienen caracterizando. Su figura, caminando por el paisaje, nos hace bascular entre el extrañamiento y la risa.

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En la parcela pictórica, la exposición reúne una extensa nómina de artistas que evidencian múltiples maneras de acercarse al paisaje. Desde la depuración de éste aplicándole un orden geométrico que revela lo esencial, como hace Ramón David Morales con una obra como Puente romano, hasta el lirismo de los paisajes de Miguel Gómez Losada, nostálgicas evocaciones que ponen en juego la memoria, pasando por el vivencial ejercicio de Medina Galeote, que convierte el escenario natural, con su característico lenguaje de trazos y cebreados, en una metáfora de las angustias y ansiedades que la profesión de artista genera en su persona. Y junto a estos, la densidad e intensidad de los bosques de Antonio Montalvo, sombríos y con un innegable eco simbolista. Lo que late en ellos se manifiesta en el escenario de alta montaña que pinta Irene Sánchez Moreno: en Fin de viaje, la artista vuelve a enunciar lo sublime; esto es, el vértigo y temor ante la infinitud de la Naturaleza y ante las condiciones adversas para la vida que deparan algunos de sus ámbitos, literalmente desolados. La resonancia de una Naturaleza que manifiesta su fuerza la hallamos en los dibujos de Jesús Zurita. Y resonancia no es un término gratuito, ya que sentimos la Vibración y ventolera -tal es el título de su obra de gran formato. Tal vez por la economía y estilización, con un innegable aire japonés, el árbol que resiste las inclemencias del viento, quizá una suerte de proyección de nosotros, parece crujir ante nuestra mirada. Esa Naturaleza inerte y desolada se acentúa hasta llegar a una especie de decrepitud en las obras de Francisco Peinado y Javier Artero, que basculan entre lo apocalíptico y -nuevamente- lo sublime. Peinado adquiere la condición de maestro y ejecuta una vista de un paisaje distópico, post-apocalíptico, gobernado por el gris y el violeta y que ha de recordarnos a las imágenes que relata Cormac McCarthy en el libro La carretera. Artero parece rememorar la pintura desde el vídeo. No sólo por la ralentización de la imagen, que, por momentos, hace dudar si nos encontramos ante una imagen fija o en movimiento, también porque, en El caminante sobre el río de niebla, la pintura de Caspar David Friedrich parece recrearse.

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Otro escenario marcado por la angustia, pero también por la resistencia, es el que toma Juan Carlos Robles. Catarsis recoge una intervención videográfica que el artista realizó en 2013 sobre la fachada del Banco de España en el Paseo del Parque de Málaga. Sobre el símbolo del poder económico, y en plena crisis, Robles proyectó un enfurecido y sanguíneo mar que batía sus olas contra las columnas, quizás como un metafórico ejercicio de rebelión que manifestaba la desesperanza de la población convertida en paisaje marítimo, en marejada o temporal.

Juan del Junco, con El mensaje, presenta quizás su proyecto más literalmente paisajístico. Acompaña este vídeo algunos de los fuelles fotográficos que Del Junco hizo en Genalguacil en agosto de 2016. El paisaje asoma ante nuestros ojos como eso que sucede mientras el artista anda Buscando oropéndolas obsesivamente (título de la pieza). En ésta, el entorno de Genalguacil, su paisaje, pasa a ser esencial, ocupando un papel determinante en la exposición.

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José García Vallés y Cristina Lama, desde distintas perspectivas, avistan el paisaje como algo que se construye y reduce a formas geométricas, como una suerte de planimetría; Vallés a través de un videomapping sobre una escultura, que se muestra cambiante, cerebral y sensitiva, lo que responde a la síntesis de tecnología y artesanía o precariedad que emplea Vallés; Lama, por su parte, desde su característica pintura ingenuista y expresiva.

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Algunas obras, como Andalucía de Moreno Carretero, la recreación de la pintura de Genaro Pérez Villaamil de Julio Anaya, la pintura Puente romano de Ramón David Morales o las fotografías de Juan del Junco nos acercan al imaginario de lo andaluz, de su simbolismo, de su condición medular para la idea de lo español en algunas épocas pasadas, de su paisaje, de su exuberante y variada riqueza natural y de su patrimonio inscrita en ella. Justamente, una de estas piezas, la diminuta maqueta del relieve de Andalucía, de Moreno Carretero, se contrapone a una enorme pieza cerámica de suelo de Paloma de la Cruz. La artista convierte la tela que descansa en el suele en una suerte de espacio, quizás la metafórica representación de lo femenino como paisaje.

Juan Francisco Rueda
Comisario de Paisaje. Entorno y contexto
Del 17 de marzo al 7 de junio de 2018

—– O —–

Link a crítica Reyi Pérez Castillo en PAC

http://www.plataformadeartecontemporaneo.com/pac/veinticuatro-paisajes-que-son-el-mismo/

Link al vídeo en youtube

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