Eduardo Arroyo. ‘Arroyo: un clásico activo’

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Ha muerto Eduardo Arroyo, figura esencial del arte español de la segunda mitad del siglo XX, reformulador del pop que excedió los límites del escenario artístico patrio, convirtiéndose en referencia de la figuración narrativa de los sesenta y setenta. Su vitalidad artística y longevidad intelectual están fuera de toda duda. Su obra se vio acompañada por una proyección literaria, en distintos géneros, de un pensamiento crítico, que, en los últimos años, lo convirtió en un aguerrido polemista en torno a la creación actual y los nuevos museos y centros de arte.

Tuve la suerte de escribir en varias ocasiones sobre su trabajo, tanto críticas de exposiciones individuales como en colectivas que venían a vislumbrar su inequívoca aportación. A continuación os dejo varias de ellas.

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Arroyo: un clásico activo
Crítica publicada en Málaga Hoy el 6 de noviembre de 2004.

Eduardo Arroyo
Pedro Peña Art Gallery. C.C. Tembo, bloque B local 1, Ctra. Nacional 340, Km. 179, Marbella. Hasta el 15 de diciembre.

Que ésta sea la segunda muestra de Arroyo en Andalucía ilustra las expectativas expositivas de nuestra región al tiempo que pone de relieve la ambición de la Galería Pedro Peña. La de Arroyo, además, no es una muestra acotada a lo comercial, es digna de colgar en espacios públicos ya que permite enfrentarse a su obra actual analizándola respecto a la trayectoria que lo ha convertido en referencia ineludible de la Figuración narrativa y el arte español desde los 60, constatando su perfil polifacético. Cerca de 40 obras desde 1973 a 2003 dan un halo de antología y, aunque falten de sus inicios (1963), permite observar la evolución estilística y los propósitos del pintor.
Destacamos la tensión que la obra de Arroyo provoca. Tensión en cuanto equilibrio difícil de mantener, el de las atractivas formas a tinta plana e iconografía reconocible y extraída de la Historia del Arte, los medias y la cultura y, por otro, su recontextualización –la narración propuesta- que en ningún caso es tan fácil como la aprehensión, sino que requiere de lo reflexivo que propicie comprender la proposición. Una vez que la crítica política se perdió en los 80, Arroyo se entregó a la otra rama temática de su producción: el juicio a la pintura y los pintores así como al mundo de la cultura. Para esta reflexión que propone es necesario el manejo de unos códigos intelectuales, cuestión que se complica ya que el signo, tal como es tratado por autores de estirpe pop, neorrealista y de Figuración narrativa, es lanzado al azaroso abismo de los deslizamientos semánticos.
La exposición sirve para apreciar cómo Arroyo ha sometido a sus pinturas de 2000 a un proceso de reducción retórica: los elementos se reducen a dos -el principal y otro seriado en las esquinas- y los fondos, a tintas planas, escapan de los espacios de los 70-80 como el Deshollinador borracho(1988). Lejos de reducir la reflexión como las formas, estas pinturas la elevan. Orson Welles bien podría ser un remake del Valle Inclán de Echevarría aderezado por la corona de la Estatua de la Libertad que propicia multitud de lecturas. En obras anteriores vemos que la ironía y los encuentros ‘lautreamontianos’ sirven de engranaje para la confrontación de la high cult y los medios de masas y el casticismo: el Tío Pepe del 73 que mezcla la mesa expresiva al modo elefante Dalí y la botella de fino, o el San Francisco enfrentado al Chanel nº 5. Hemos de atender al deshollinador y a los París-Madrid como reflejo del artista, los ramoneurs como homenaje a Gómez de la Serna, la faz de la escultura ramoneur como parodia a la constructivista, el diálogo con Úrculo, la apropiación de Picabia para ilustrar las noches españolas o el concepto tan diverso de la escultura que hacen de Arroyo un clásico sin finiquitar.

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Pop español
Crítica publicada en diario SUR el 25 de junio de 2016.

‘Reflejos del Pop’ trata de precisar la recepción española del Pop, de modo que evidencia cuán distinta fue la reformulación de este estilo y los ejercicios de síntesis destinados a sumar formas foráneas y asuntos vernáculos

‘Reflejos del Pop’
La exposición: 46 obras, fechadas entre la mediación de los sesenta y la mediación de los setenta, de 2 artistas (Luis Gordillo y Eduardo Arroyo) y 2 colectivos (Equipo Crónica y Equipo Realidad). La totalidad de las obras son pictóricas (óleo o acrílico sobre lienzo o tabla y ‘collages’). En el Salón Noble se expone ‘Pop Tops’, un conjunto de 150 portadas de discos y carteles que evidencian la influencia del Pop en la renovación del diseño español de discos. Comisaria: Lourdes Moreno. Lugar: Museo Carmen Thyssen Málaga. Plaza Carmen Thyssen, Málaga. Fecha: hasta el 4 de septiembre. Horario: de martes a domingo, de 10.00 a 20.00 h.

Con ‘Reflejos del Pop’, el Museo Carmen Thyssen parece confirmar la apertura –que no giro- hacia el arte contemporáneo que se advirtió en ‘Carteles de artista. De Toulouse-Lautrec a Jeff Koons’, compuesta, en buena parte, por ejemplares de la segunda mitad del siglo XX, lo que servía para abordar la obra de un buen número de creadores contemporáneos, o en ‘Courbet, Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje naturalista a las vanguardias’, que incluía obras fechadas hasta la década de los setenta.
‘Reflejos del Pop’ es un acercamiento a la recepción de este lenguaje en nuestro país, en la década de los sesenta y setenta, a través de algunos de los que pueden ser considerados como sus principales representantes (dos artistas como Luis Gordillo y Eduardo Arroyo y dos colectivos como Equipo Crónica y Equipo Realidad). No siendo poco esto, la muestra consigue trasladar con solvencia al espectador, al margen de las especificidades del caso español, aspectos esenciales del Pop en cuanto a recursos, retórica o fuentes. Y aún más, en el conjunto hay piezas verdaderamente icónicas que atesoran un indudable valor respecto a la justa valoración del arte Pop producido por artistas nacionales.
Bien es cierto que alguno de los escogidos excedió el Pop, como es el caso de Gordillo, un autor que posee una obra polimorfa y en continua experimentación, quien abrazó en esos años el influjo de muchos de los recursos visuales y retóricos del Pop y de la imaginería de éste, caso de la piscina, que se aprecia en una de las obras expuestas y que aún hoy sigue apareciendo en su pintura –no podemos dejar de pensar en David Hockney ni en Carlos Alcolea, éste caracterizado como pintor ‘neofigurativo’ madrileño-. Los creadores elegidos evidencian cómo la reformulación española del Pop estuvo marcada por la diversidad, por cierta crítica socio-política y, sobre todo, por la asunción de aspectos de los dos principales núcleos pop, el norteamericano y el inglés. En ello no hay tanto un ejercicio de reconfiguración como de adaptación a un acervo propio. O dicho de otro modo, el secular proceso por el cual un ámbito periférico, respecto a los escenarios centrales de la creación artística, basa su ‘puesta al día’ en la síntesis de esas formas exógenas y las temáticas entendidas como propias o idiosincráticas. Esto último se aprecia en algunas de las obras de Equipo Crónica y de Equipo Realidad, en las que se suman referencias a la tradición pictórica y al imaginario patrio junto a otras que aludían a algunos de los maestros pop (Lichtenstein o Warhol). Como hicieron los informalistas en los años cincuenta y sesenta, supieron usar la tradición como un asunto que se cargaba de dimensión crítica; eso se intuye en el continuo uso que hacen, mediante la cita y la apropiación, de obras y autores que habían ayudado a asentar ese concepto de la «España negra», como Goya o Solana.
Este ejercicio sintético o de comunión de las formas foráneas con lo vernacular o el contexto socio-político más cercano lo desarrolló mordazmente Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), si bien en el conjunto de piezas debidas a él no es excesivamente numerosa la presencia de las que responden a este interés. Otros autores no recogidos aquí, como el malagueño Eugenio Chicano, convirtieron esta estrategia en prácticamente una poética propia que, además, como en este caso, obtuvo una difusión apabullante merced a la dimensión cartelística de su obra, lo que hacía que ese universo se expandiera. En el conjunto de Arroyo resulta manifiesto el profundo carácter narrativo de sus composiciones, gracias a la insinuación de acciones contenidas sin aparente resolución. Lo gráfico y el empleo de colores planos, así como la recurrente cita a la historia del arte, nos sitúan ante una versión canónica en lo formal del Pop. No es tan usual, sin embargo, el continuo cuestionamiento de la identidad del artista mediante el empleo de figuras metafóricas que actúan como ‘alter ego’ del propio Arroyo.
El grupo de obras de Luis Gordillo (Sevilla, 1934), por sí mismo, convierte a esta muestra en una oportunidad. Entre las quince piezas hay obras ciertamente trascendentales para la propia configuración de su proceso creativo. Es el caso de ‘La pareja americuana’, en la que la repetición ya indica un recurso usual en el Pop. Sin embargo, ésta nos pone ante la sistemática experimentación de Gordillo con la fotografía y con otros medios mecánicos y de reproducción masiva, como la impresora o las impresiones en distintos soportes. Del mismo modo, nos sitúa ante lo que el artista llama «pintura horizontal», un proceso y un modo de articular la obra en imágenes que se multiplican y varían progresivamente jugando con los conceptos de secuencia y metamorfosis de la imagen. De hecho, vemos algunos ejemplos en los que, también como introducción de aspectos psicoanalíticos que marcan su trabajo, aparece el doble y el espejo como repetición. En cualquier caso, es en las obras más tempranas (4 rostros) donde más claramente se aprecia la influencia del Pop norteamericano para, poco después, como se aprecia en alguna otra, hallarse más cercano del inglés.
Los valencianos Equipo Crónica (1964-1981) y Equipo Realidad (1965-1976), además de la familiarización con conceptos como lo colectivo y la autoría compartida, ejemplificaron el apropiacionismo mediante la continua cita a la historia del arte, desde la tradición a los autores que actuaban como referentes para ellos (Warhol o Lichtenstein) y la alianza de alta y baja cultura (los ‘mass media’ como el cómic). Si Equipo Crónica era más punzante y no eludía las imágenes de conflicto –sencillamente brillante es ‘El realismo socialista y el Pop Art en el campo de batalla’ (1969), una suerte de confrontación de los estilos que venían a caracterizar los bloques de la Guerra Fría-, Equipo Realidad atendía a los pasajes de la vida contemporánea, a veces saturadas sus imágenes de una especie de promesa de felicidad proveniente de la publicidad.
En el Salón Noble, comisariada por Francisco Javier Panera y a modo de apéndice, se expone ‘Pop Tops’, con más de 150 portadas de discos de vinilo y algunos carteles en los que se evidencia cómo el diseño de las portadas se convirtió en medio de difusión del Pop y ámbito en el que algunos de los autores fundamentales de esta tendencia, como Warhol, Lichtenstein, Hamilton o Blake, crean diseños para algunos grupos musicales.

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