‘Forjando identidades. Construyendo escenarios’. Tamara Arroyo y Antonio R. Montesinos en Genalguacil Pueblo Museo

Tamara Arroyo / Antonio R. Montesinos
FORJANDO IDENTIDADES. CONSTRUYENDO ESCENARIOS
Exposición e intervenciones urbanas
Un proyecto comisariado por Juan Francisco Rueda

Museo de Arte Contemporáneo Fernando Centeno y trama urbana de GEnalguacil Pueblo Museo (Málaga). Hasta finales de noviembre de 2019.

20190812_123848

f

Forjando identidades. Construyendo escenarios se ajusta alas premisas que se vienen aplicando a los proyectos que se desarrollan en verano en Genalguacil Pueblo Museo desde 2017. A saber, un diálogo entre dos creadores, mujer y hombre por sistema, que sostienen una propuesta articulada mediante intervenciones específicas en la trama urbana de Genalguacil y una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo. Otra de las características de éstos es su atención al imaginario tradicional y al acervo popular -a la herencia-, especialmente a los oficios, artesanías y manifestaciones artísticas. En esta ocasión, la forja y la arquitectura vernacular, con su repertorio de soluciones formales y materiales que las identifican, son los objetos de la exposición. Como seña de identidad de estos proyectos, la exposición gira sobre asuntos detonados por Genalguacil o inspirados en su realidad, proyectando una dimensión que excede lo meramente particular y, por tanto, se facultan para ilustrar cuestiones generales y de mayor trascendencia. Es decir, Genalguacil emerge como pretexto que permite abordar problemáticas más ambiciosas y gruesas que exceden lo local aunque de ello partan.

Forjando identidades. Construyendo escenarios se edifica sobre las figuras de Tamara Arroyo y Antonio R. Montesinos, artistas idóneos no sólo por sus trayectorias y poéticas, análogas o convergentes con el universo conceptual del proyecto, también por sus intereses personales y biografías, que, sin duda, aportan una inestimable honestidad a sus acercamientos a los temas de la exposición. Montesinos nació en Ronda, creció en Fuengirola y el fenómeno y la arquitectura de la Costa del Sol -del llamado estilo del relax– han sido asuntos de reflexión para él; su caso escenifica ese desplazamiento del interior a la costa, que actuaba como una promesa de felicidad y progreso y que parece replicar el uso que hace la arquitectura del ocio de unas claves de la arquitectura vernacular o la arquitectura sin arquitectos que caracteriza los pueblos blancos. Arroyo, por su parte, tiene una relación muy estrecha con la Costa de Sol, donde residen familiares y la cual visita asiduamente, ejerciendo una mirada curiosa y analítica sobre algunos de los elementos arquitectónicos que la fundan y definen. Buena parte de las obras de esta exposición se constituyen, por tanto, en auténticas citas autobiográficas.

La forja y el trabajo con el metal se asumen en esta exposición, y así reza en el título, como una de esos rasgos identitarios de la arquitectura popular, a la que se unirían la teja y el blanco del caserío. Arroyo ha trabajado sistemáticamente el metal y las ordenaciones geométricas de vallas y rejas. Se entiende que, tal como lo fue la cerámica, el azulejo o las cortinas de madera en proyectos anteriores de Genalguacil Pueblo Museo, la forja ostenta esa condición de seña de identidad. El universo de la forja es reformulado por Arroyo, a quien se le invita a generar varias intervenciones específicas en Genalguacil. Por su parte, Montesinos es invitado a reflexionar sobre la construcción de escenarios en la Costa del Sol a partir de la mediación del siglo pasado, asunto al que también es proclive el trabajo de Arroyo. La idea de escenarios enlaza con la identidad, con la necesidad de replicar al nivel del mar un entorno que, si bien existe en los centros de las ciudades costeras y en sus barrios de pescadores, viene a tomar rasgos fisonómicos de los núcleos de interior. Casos como Pueblo Blanco en Torremolinos, Pueblo López en Fuengirola o Nueva Andalucía y Puerto Banús en Marbella son prototípicos de ese intento de comunicarse y proyectarse a través de una fisonomía constructiva arquetípica de lo andaluz, a través de una reformulación de la arquitectura vernácula. ¿Cuánto de falso y cuánto de verdadero entrañan estos escenarios? ¿Cuánto de simulacro o cuánto de realidad hay en ellos? ¿Es posible hablar de pureza en un territorio mestizo como el nuestro? La lúcida mirada de Montesinos a esos escenarios nos depara una suerte de deriva en pos de hallazgos, una suerte de juego de espejos en el que acabamos dudando sobre la pertenencia de esas imágenes a ámbitos de una presunta autenticidad o, por el contrario, de una simulada representación cual tramoyas. Y en estos escenarios, la forja se incorpora como inequívoco aporte identitario, como ejercicio en pos de la verosimilitud, de aspirar a lo auténtico que se une a la confirmación de esa imagen de lo andaluz como un espacio edénico representado por una vegetación exuberante. La noción de turismo acaba emergiendo en algunas de estas obras, en las que observamos cómo esos entornos de lo andaluz son, en esencia, escenarios para el ocio en los que representar una experiencia e identidad vinculadas a Andalucía y en los que intuimos códigos del veraneante, como apreciamos en Andalucía Garden Club de Tamara Arroyo. La lucidez de la mirada de Arroyo y Montesinos es fundamental en este intento por desentrañar y, a un tiempo y por paradójico que parezca, complejizar el asunto de la identidad. En una obra como Genalguacil moderno, Arroyo, en plena deriva por el pueblo, fija su mirada en sendas rejas que asumimos, con absoluta naturalidad, como propias. Sin embargo, el motivo ornamental de una de ellas evidencia la influencia art decó, frisando incluso el guiño a lo africano o a lo negro que se asumió en las artes decorativas a partir de 1925. Ello revela lo flexible y abierto de la identidad, los préstamos, las contaminaciones o los procesos de iconotropía.

20190812_123727

20190812_123441

20190812_123453

20190812_124454

20190812_123526

20190812_123536

20190812_123549

Toda traducción, como interpretación que supone, representa una traición al origen, a lo que se toma para ser traducido. Esa traición, al margen de la transformación del original, supone una modulación, una adherencia de nuevos contextos, una suerte de puesta al día que puede ser entendida como una desvirtuación o, por el contrario, como un episodio más en los complejos ejercicios de construcción de la identidad, siempre en proceso, ya que ésta, en rigor, es líquida y nunca está clausurada. Ha de entenderse en la sempiterna lucha entre lo puro y lo impuro o mestizo, entre el blanco puro y el blanco roto como metafóricas coloraciones que emplea Antonio R. Montesinos en el título de su serie de fotografías. Hemos de anclarnos, en este sentido, al título de la exposición. En la elección de Forjando identidades, en la elección de esa forma verbal, se desliza justamente lo procesual de la conformación de la identidad. En el proceso y en el papel que ejercemos en la configuración de la misma. Esto es, una suerte de alegato en pos de que la deformación de ese supuesto origen o estado puro de la identidad, entendido como algo sagrado e incorruptible so pena de deslealtad, es un ejercicio de construcción activa de una identidad en la que reconocernos aunque se esté construyendo mediante clichés.

20190812_124058

20190812_124504

Justamente, Arroyo aborda en una de sus instalaciones el caso de Puerto Banús. Ucronía trata sobre dos posibles proyectos de Antonio Bonet Castellana y Antonio Lamela que fueron rechazados y que, como sugiere Arroyo, obedecerían a unos presupuestos estilísticos deudores del organicismo y del Movimiento Moderno, muy distintos a esa revisión o interpretación de lo andaluz -una cita al pueblo de Casares- que finalmente se hizo y que hoy define la imagen de Puerto Banús. Junto a esos dibujos de cómo podría ser el enclave marbellí, Arroyo alude a esa ausencia a través de una metafórica valla vacía.

20190812_123740

20190812_124523

Otro asunto esencial, otra clave identitaria, es el del color blanco de las unidades de habitación y conjuntos arquitectónicos. A Montesinos, en su giro último hacia la pintura, el empleo de la cal como una suerte de rito, como costumbre que ordena el calendario, como manifestación de la etnografía, como un hábito de lo privado que se convierte en público, le interesa especialmente. La cal se constituye en fin y en aglutinante de algunas de sus piezas escultóricas e instalativas, en las que sintetiza esa tradición del encalado mediante el uso de este material y un vídeo en el que se escenifica el proceso de fogar la cal, que aludiría a la identidad y el origen, con la construcción de escenarios (elementos como el pladur aluden a esa construcción de escenarios, simulaciones y ficciones) y motivos y materiales que, en diálogo con la arquitectura vernacular (la forma o la teja), invaden la Costa del Sol desde su desarrollo a partir de la mitad del siglo XX.

Juan Francisco Rueda
Comisario de la exposición

20190812_123346

20190812_123426

20190812_122613

2 comentarios sobre “‘Forjando identidades. Construyendo escenarios’. Tamara Arroyo y Antonio R. Montesinos en Genalguacil Pueblo Museo

Responder a juanfranciscorueda Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s