‘Comer terreno’. Ciudades ocasionales

Comer terreno

Crítica publicada originalmente en diario SUR (09/11/2013). He rescatado este texto inédito en el contexto de la situación que vivimos con el Covid 19 y al hilo de las #postalesdelacuarentena que vengo desarrollando en los dos últimos meses en mi perfil de instagram

Nuestro entorno nos provee de multitud de «ciudades ocasionales» que habitan la ciudad. Esas realidades, que desatienden la funcionalidad y los usos impuestos, son las que centran este proyecto, fundamental para repensar nuestra relación con el espacio público

‘Post-It City. Ciudades ocasionales’
La exposición: Casi cuarenta ejemplos de «ciudades ocasionales» localizadas en distintas partes del mundo. Estos casos se documentan principalmente en vídeo y fotografía, usando como procedimiento recurrente la figura del archivo, compuesto por fotografías a color de tamaño pequeño. Otra herramienta privilegiada es la cartografía, ya que se establecen planos de localizaciones y mapas que atienden a distintos usos y costumbres. Comisarios: Giovanni La Varra, Filippo Poli, Federico Zanfi y Martí Peran; como coordinadora en Málaga, Aurora de la Rosa. Lugar: Sala Fundación Cruzcampo. Parking municipal de calle Salitre, Málaga. Fecha: hasta el 3 de diciembre. Horario: ininterrumpido (24 horas todos los días).

No es ésta la primera vez que señalo las adversas condiciones que presenta la Sala Fundación Cruzcampo, sin duda debido a su ubicación en el parking municipal de calle Salitre. La exposición que ahora nos ocupa vuelve a evidenciar lo desacertado de este equipamiento -del emplazamiento, no del mecenazgo-, ya que, una vez más, las obras y el material documental que se exponen en vitrinas y en las paredes no cuenta con una iluminación óptima (alguna vitrina no se encuentra iluminada y en ocasiones la sombra del espectador se proyecta sobre el objeto), al igual que los factores ambientales juegan en contra de una visita en profundidad. Sin embargo, debido a la naturaleza de esta exposición, he de reconocer cierto sentido o carácter metafórico que posee la presencia en este espacio de ‘Post-It City. Ciudades ocasionales’. Esto se debe a que los casos de estudio que recoge observan ocupaciones eventuales del espacio público. Bien es cierto que esas ocupaciones son transitorias, orgánicas, autogestionadas y, en muchas ocasiones, no respetan ciertas normativas. Representan, pues, una alternativa a la ordenación, normalización y control del espacio público. Evidentemente, la realización de esta muestra en este ámbito no responde a un impulso no premeditado ni ajeno a los gestores del mismo, con lo que no se adecua a muchos de los casos de estudio, pero, sin embargo, la presentación de esos ejemplos de ocupación en un parking municipal parece replicar –sí, superficialmente- muchas de esas acciones que vemos documentadas por distintos agentes, desde artistas a colectivos multidisciplinares pasando por geógrafos o arquitectos. Tampoco debemos obviar el rico matiz, problemático quizás, que acarrearía que un archivo acerca del ‘autogobierno’ de la calle –en el sentido amplio y metafórico- acabe ocupando un espacio municipal que gestiona expositivamente un tercero. Habrá que leerlo, siendo optimista –no sé si irónico-, como un ejercicio de «crítica institucional» (la propia institución como marco y medio para ejercer una autocrítica).

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Sea como fuera, ‘Post-It City’ es una excelente oportunidad para enfrentarnos a un ‘síntoma social’ característico de los últimos tiempos y, sobre todo, de las organizaciones metropolitanas, que empujan a sus ciudadanos a estas estrategias, en muchos casos desesperadas y en otras naturales. Todos los proyectos, fechados entre 2002 y 2008, son anteriores a las que quizás son las demostraciones más patentes de las «ciudades ocasionales». Nos referimos a las ocupaciones del 15-M, de Occupy Wall Street o a la Primavera árabe. Como se imaginan, muchas de las acciones que ahora vemos catalogadas obedecen en algunos casos a un componente de resistencia política explícita, pero, ciertamente, la mayoría responde a cuestiones más sencillas y directas, prosaicas incluso –no por ello dejan de ser políticas-, como son la necesidad, la convivencia y el derecho a hacer de la calle un espacio de intercambio. Gestos o iniciativas que, en muchos casos, con el tiempo parecen institucionalizarse o fijarse por la vía de lo consuetudinario. Muchas de esas ocupaciones redimensionan y connotan espacios anónimos e intrascendentes que pasan a adquirir un valor de uso, un sentido y un caudal simbólico. Entre los casi cuarenta casos seleccionados de los noventa con los que nació el proyecto, todos ellos con su pertinente ficha y explicación, vemos la convivencia de los parisinos con las pertenencias de los inmigrantes afganos que ‘guardaban’ en los árboles –punzante y poético el vídeo-, el inventario de huertos urbanos y lugares de intercambio sexual de Barcelona, cómo los sin-techo tokiotas marcan el espacio con las telas azules que el ayuntamiento les proporciona para hacer chabolas, un abandonado estadio polaco en el que se celebraban desfiles patrióticos convertido en mercadillo –capitalismo sobre comunismo-, la autoconstrucción en Tijuana, la ocupación de los cementerios de El Cairo como viviendas o las singulares furgonetas-tienda en las que al borde de las carreteras sicilianas se vende todo tipo de género.

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La exposición supone una muy buena oportunidad para apreciar cómo la creación artística se constituye como privilegiado campo para la «crítica institucional», se halla próxima y se alimenta de las Humanidades (antropología, geografía, etc.) y adquiere sentido como práctica de intervención social, o, al menos, como vía para la documentación y la reflexión. Subyace en el conjunto, dominado por la fotografía y el vídeo, procedimientos privilegiados que maximizan lo objetivo y científico, como el archivo, los diagramas o las cartografías que median en la comprensión de que hay tantas ciudades como formas de habitarlas, ‘diferentes ciudades en la ciudad’ que se solapan y se enfrentan. Permítanme ser categórico: esta muestra, que es ya un «clásico» y que cuenta con una dilatada itinerancia, es un medio extraordinario para repensar nuestra relación con el espacio público como lugar de tensiones y de desigualdades, como ámbito de intercambio, enriquecimiento, libertad o subversión frente a lo funcional y el imperceptible control que rigen administrativamente los ‘organismos metropolitanos’.

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Practicar la ‘deriva’ o la ‘errancia’ –tal como la denomina Nicolas Bourriaud, teórico de la estética relacional-, es decir, dejarse llevar por el entramado urbano, puede permitirnos encontrar algunas «ciudades ocasionales», lugares ocupados en los que se desarrolla un nuevo uso para el que no estaban diseñados y en los que se produce un intercambio de distinto tipo entre ciudadanos. Esto nos haría enfrentarnos a una «exposición expandida». La cercanía del parking al río Guadalmedina nos pone ante un ámbito no sólo rico en realidades antagónicas, sino en ocupaciones del tenor de las que centran ‘Pos-It City’. Es decir, el cauce del Guadalmedina, abandonado institucionalmente, es una suerte de espina dorsal que se encuentra orillada por instituciones y edificios representativos y por bolsas de marginalidad y miseria. Pero lo que nos importa es cómo en su entorno los habitantes establecen nuevos y variados usos: espacio de encuentro de inmigrantes, improvisada pista deportiva y de ‘skate’, cobijo para los sin-techo o espacio de abastecimiento en comedores sociales. Ciudades ocasionales fruto de la necesidad.

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